El régimen cubano volvió a apelar al viejo libreto del miedo. Tras las más recientes declaraciones de Donald Trump, que ha dejado claro su objetivo de acabar con el comunismo en el hemisferio occidental, la dictadura ordenó reforzar la preparación militar en todo el país, incluyendo entrenamientos obligatorios todos los sábados en varios territorios.
La medida fue anunciada a través de los medios oficiales y se ejecuta en un contexto de tensión política creciente y nerviosismo evidente en la cúpula militar, sobre todo después de los acontecimientos en Venezuela, donde Nicolás Maduro fue sacado del poder en una operación militar que todavía retumba en La Habana. El mensaje es claro: el régimen no se siente seguro.
En provincias como Villa Clara, las autoridades organizaron maniobras militares utilizando armamento soviético heredado de la Guerra Fría, gran parte del cual hoy resulta obsoleto incluso para estándares regionales. Aun así, la prensa estatal insistió en vender una supuesta “capacidad de respuesta”, aunque las imágenes difundidas muestran equipos oxidados, tecnología atrasada y un ejército anclado en el pasado.
Desde el oriente del país, el general al frente de la región militar de Las Tunas declaró sin titubeos que Cuba está “lista y preparada para la guerra”. Sus palabras fueron amplificadas por los medios oficiales mientras la población enfrenta apagones interminables, escasez de alimentos, falta de medicamentos y servicios básicos colapsados. Dos realidades que no se tocan, pero que conviven bajo el mismo discurso vacío.
En el municipio de Jiguaní, en la provincia de Granma, las autoridades informaron que los cubanos deberán participar en preparación militar todos los sábados. La televisora oficialista CNCTV Granma justificó la orden con el argumento habitual de “las intenciones de Estados Unidos”, una excusa que el poder utiliza cada vez que necesita movilizar, controlar y distraer en medio del desgaste interno.
Estas acciones forman parte del llamado Día Nacional de la Defensa, desarrollado de manera simultánea en provincias como Matanzas, Santiago de Cuba y Cienfuegos. Según el discurso oficial, el objetivo es elevar la preparación de las estructuras de mando y la disposición combativa territorial. En la práctica, más propaganda y menos soluciones reales.
En Matanzas, las zonas de defensa amanecieron movilizadas junto a unidades militares. Altos mandos del Ejército Central y dirigentes del Consejo de Defensa Provincial recorrieron los escenarios para “puntualizar misiones”, mientras el ciudadano común seguía preguntándose de dónde va a salir la próxima comida o cuándo regresará la electricidad.
La jornada incluyó entrenamientos con armamento, lanzamiento de granadas, prácticas de tiro, ejercicios tácticos de defensa antiaérea y hasta uso de drones, todo en un país donde ni siquiera hay combustible estable para ambulancias. En zonas como San Carlos, en el municipio de Jovellanos, las autoridades insistieron en reforzar obras destinadas a la supuesta “protección del pueblo”, un pueblo que nunca fue consultado.
En Santiago de Cuba, específicamente en El Caney, se desarrolló otro ejercicio territorial bajo el concepto de la “guerra de todo el pueblo”, con la presencia de dirigentes del Partido Comunista, las FAR y el Ministerio del Interior. La escena, repetida hasta el cansancio, busca proyectar unidad y fortaleza, pero cada vez convence a menos gente.
Lejos de generar consenso, las maniobras provocaron una avalancha de críticas y burlas entre los cubanos, sobre todo en redes sociales. Muchos cuestionaron el uso de armas anticuadas y señalaron que Cuba carece de tecnología, recursos y condiciones mínimas para enfrentar un conflicto moderno. Otros ironizaron sobre el estado físico de los combatientes, la mala alimentación, los apagones constantes y la precariedad generalizada.
También se repitió una idea que cada vez suena más fuerte: estas maniobras no buscan disuadir a Estados Unidos, sino intimidar a la población interna y desviar la atención del hambre, la falta de medicinas y el colapso total de los servicios públicos. Varios comentarios señalaron que gastar recursos en ejercicios militares resulta irresponsable cuando el país atraviesa una de las peores crisis de su historia.
Algunos usuarios fueron más allá y reclamaron una salida política real, con elecciones libres y el fin del control absoluto del Partido Comunista. Otros expresaron temor por la vida de jóvenes reclutas y civiles que podrían ser utilizados como carne de cañón para sostener a una élite gobernante cada vez más desconectada del país real.










