Díaz-Canel dice que Cuba está bajo «amenazas del imperio yanqui» y que es momento de jurar lealtad a Fidel Castro y Hugo Chávez

Redacción

Miguel Díaz-Canel volvió a refugiarse en la retórica más rancia del castrismo para reaccionar ante uno de los episodios más incómodos para el régimen en décadas. Este martes, el gobernante cubano firmó el Libro de Condolencias en la Embajada de Venezuela en La Habana por la muerte de 32 militares cubanos caídos durante la operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro, y lo hizo con un discurso cargado de consignas, victimismo y nostalgia ideológica.

“Ante las amenazas del Imperio yanqui ratificamos nuestra lealtad al legado de nuestros próceres, de Fidel y de Chávez”, escribió Díaz-Canel, dejando claro que, incluso frente a una derrota política y militar, el régimen prefiere aferrarse a símbolos antes que asumir responsabilidades. En su mensaje habló de “dolor e indignación” por lo que calificó como un “vil y criminal ataque” y volvió a presentar la detención de Maduro como un “secuestro”, ignorando deliberadamente el colapso del chavismo y el contexto real del operativo.

El mandatario extendió sus condolencias y rindió homenaje a los militares cubanos muertos, asegurando que “ofrendaron sus vidas en defensa de Venezuela, de Cuba y de América Latina”. Una frase grandilocuente que intenta justificar lo injustificable: la participación directa de tropas cubanas en la seguridad personal de un dictador extranjero, algo que La Habana negó sistemáticamente durante años.

Como era de esperar, el mensaje cerró con el rosario habitual de consignas —“Honor y gloria”, “Patria o Muerte”, “Venceremos”— difundidas por la Presidencia en redes sociales junto a imágenes del acto. Mucho ruido épico para tapar una verdad incómoda que ya no puede esconderse.

En la ceremonia estuvieron presentes las principales figuras del poder cubano, desde Esteban Lazo y Manuel Marrero hasta Bruno Rodríguez y Roberto Morales Ojeda, en una escenografía diseñada para mostrar unidad interna mientras el relato oficial se resquebraja. La prensa estatal habló de un “pueblo conmocionado”, aunque en la calle la reacción ha sido más bien de desconcierto, cansancio y preguntas sin respuesta.

El acto ocurre apenas días después de que el propio régimen admitiera oficialmente lo que llevaba más de una década negando. En un comunicado publicado por Granma, el Gobierno reconoció que los militares fallecidos cumplían “misiones” de las FAR y el MININT en Venezuela, a solicitud de las autoridades chavistas. Con esa frase, cuidadosamente redactada, se derrumbó la ficción de que la cooperación cubana con Caracas era meramente civil.

Las identidades de los 32 muertos, incluidos coroneles y mayores, confirmaron además que no se trataba de asesores improvisados, sino de un dispositivo de alto nivel integrado a la seguridad personal de Nicolás Maduro. Una implicación directa que deja al descubierto hasta qué punto La Habana apostó por sostener al chavismo… y perdió.

Díaz-Canel, fiel a su libreto, calificó de “cobardes e ilegales” a los militares estadounidenses que participaron en la operación, ejecutada por la Delta Force con autorización de Donald Trump, según fuentes oficiales de Washington. Un insulto retórico que contrasta con la contundencia de los hechos y con la evidencia de que Cuba no pudo proteger ni a su aliado ni a sus propios hombres.

El régimen ya anunció funerales, homenajes y la llamada “Marcha del Pueblo Combatiente” tras la llegada de los restos el 15 de enero. Todo cuidadosamente coreografiado para convertir una derrota estratégica en un relato épico, mientras Venezuela inicia una transición política con Delcy Rodríguez como presidenta interina.

Habilitar notificaciones OK Más adelante