En plena peor crisis energética que ha vivido Cuba en años, Miguel Díaz-Canel salió este lunes a felicitar a los trabajadores del sector eléctrico por su “entrega diaria” y su “resiliencia” frente a las adversidades. Lo que no dijo —ni pudo decir— es que esos apagones interminables no son ninguna adversidad pasajera, sino el resultado de décadas de mala gestión y un sistema eléctrico en caída libre.
Desde su cuenta de X (antes Twitter), Díaz-Canel escribió que quiene trabajan en la electricidad merecen un “fuerte abrazo” y reconocimiento por su esfuerzo ante lo que llamó “la más feroz, el inhumano bloqueo de Estados Unidos”. Su frase épica pretende justificar lo injustificable: la incapacidad de mantener encendido ni siquiera el sistema básico que hace funcionar casas, escuelas y hospitales.
La realidad es clara: el Sistema Eléctrico Nacional está en crisis profunda, con déficits que superan ampliamente los 1.400 MW, y en varias ocasiones mucho más, dejando a buena parte del país sin luz por decenas de horas al día. Es una historia que viene de lejos, con apagones crónicos que a veces duran casi todo el día y se han repetido incluso cuando la generación solo alcanzaba poco más de la mitad de lo necesario.
El propio reporte de la Unión Eléctrica (UNE) indica que días recientes la disponibilidad de generación rondó apenas los 1.400 MW frente a demandas que superan ampliamente los 2.000 MW en horarios críticos, evidencia del colapso estructural del sistema.
La declaración de Díaz-Canel llega además en un momento donde el país sufrió un fuerte golpe adicional: el corte de los envíos de petróleo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, movimiento que agravó la escasez de combustible necesario para la generación térmica nacional.
Mientras La Habana sigue endulzando el discurso con culpas externas, los cubanos soportan apagones de más de 18 horas al día, sin agua corriente y con pérdidas de alimentos y medicinas por causa del calor y la falta de refrigeración. La solución que ofrece el régimen no pasa por inversiones reales, sino por repetir consignas en redes sociales y echarle la culpa a lo que Díaz-Canel denomina bloqueo.
El contraste entre la cruda realidad y el mensaje triunfalista no pasó desapercibido en redes. Usuarios describieron la felicitación del gobernante como una provocación, un verdadero insulto al pueblo que se queda a oscuras sin respuestas concretas.
La crítica no es solo por las palabras bonitas, sino porque, bajo esa capa de orgullo oficial, no hay política energética creíble, ni inversión transparente, ni planes reales para reactivar el SEN de manera sostenible.
Díaz-Canel puede felicitar a los eléctricos todo lo que quiera, pero en barrios, ciudades y campos, la única certeza que tienen los cubanos es que el sistema se apaga casi todos los días. Y mientras el régimen mira al exterior para justificar sus fracasos, la población sigue pagando el precio de una infraestructura que ya no da más.










