La Habana Vieja se cae a pedazos: dos derrumbes en 24 horas y el régimen sacando armamento para amenazar a Estados Unidos

Redacción

Dos derrumbes parciales en menos de 24 horas en La Habana Vieja volvieron a poner sobre la mesa una realidad que el régimen prefiere maquillar: la capital se está cayendo a pedazos y miles de familias viven al filo de la tragedia. Los colapsos ocurrieron en las calles Muralla y Teniente Rey, y por puro milagro no dejaron víctimas mortales.

El primer desplome se registró la noche del lunes en un edificio de Aguiar, esquina Muralla, donde cedió parte del baño de una vivienda. Según relató CubaNet, una joven que vive allí con su hija había decidido dormir en casa de una amiga por temor a las lluvias y al evidente deterioro del inmueble. Esa decisión, tomada por puro instinto de supervivencia, les salvó la vida.

El estado del edificio no era ningún secreto. Grietas profundas, filtraciones constantes, pedazos de pared cayéndose y apuntalamientos improvisados forman parte del día a día del lugar desde hace años. Los vecinos han denunciado una y otra vez el peligro, sobre todo en temporada de lluvias, pero las autoridades de Vivienda nunca hicieron nada más que mirar para otro lado.

Menos de 24 horas después, la historia se repitió. Esta vez fue en la calle Teniente Rey, entre Aguacate y Villegas, alrededor de las seis de la mañana. Allí se desplomó por completo el alero de la azotea de un edificio, dejando al menos seis apartamentos en riesgo directo.

Aunque al lugar acudieron los bomberos, los residentes denunciaron algo ya habitual: ni rastro de funcionarios del gobierno local ni de Vivienda para evaluar daños o proponer soluciones. La ayuda institucional, como casi siempre, brilló por su ausencia.

Estos derrumbes no son hechos aislados. Son parte de una cadena interminable de colapsos que en los últimos años ha dejado muertos, heridos y familias enteras en la calle en La Habana. Y La Habana Vieja lleva la peor parte: edificios centenarios, sin mantenimiento, remendados a la mala y cargando décadas de abandono acumulado.

Quienes hoy viven entre paredes rajadas, techos apuntalados y escaleras que crujen no lo hacen por gusto. Permanecen allí porque no tienen alternativa. No hay viviendas, no hay materiales, no hay programas de rehabilitación que funcionen y, sobre todo, no hay voluntad política.

Mientras el régimen invierte en hoteles vacíos y propaganda, miles de habaneros duermen cada noche con el miedo de que el techo les caiga encima. En La Habana Vieja, la vida pende de un hilo, y el Estado sigue actuando como si el problema no fuera con él.

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