El influencer cubanoamericano Alex Otaola volvió a sacudir el debate político al afirmar que está “70 por ciento más convencido que nunca de que a Cuba le van a meter mano”, en medio de un escenario regional que, según él, ya no deja mucho espacio para las dudas.
Durante su programa Hola! Ota-Ola, el presentador aseguró que se están moviendo demasiadas piezas al mismo tiempo como para pensar que se trata de coincidencias. Algo se está cocinando, insistió, y no precisamente a fuego lento. Para Otaola, el patrón recuerda peligrosamente a lo ocurrido en Venezuela, cuando Estados Unidos ejecutó una operación directa para capturar a Nicolás Maduro.
El influencer puso la lupa sobre los movimientos recientes de la flota estadounidense, que —según explicó— habría sido reubicada hacia aguas cercanas a la Isla. A eso sumó las declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio, quien al ser preguntado por Cuba no esquivó el tema y calificó a la dictadura castrista como “un gran problema”, sin descartar nada explícitamente. En el lenguaje diplomático, ese tipo de frase no es relleno: es advertencia.
Para Otaola, el mensaje es claro. Cuando Washington empieza a hablar así, no es por gusto. El silencio estratégico también comunica, y en este caso comunica presión.
El presentador fue más allá y recordó declaraciones recientes de Donald Trump en las que el presidente aseguró que Cuba “pende de un hilo”, sobre todo tras el supuesto cierre del grifo del petróleo venezolano. Sin ese salvavidas, el régimen cubano queda aún más expuesto, más frágil y más dependiente del discurso del miedo.
Trump, además, dejó caer una frase que no pasó desapercibida: que Cuba ya no puede soportar mucha más presión en el contexto actual con Venezuela, salvo que se produzca una acción directa que “haga explotar el lugar”, en alusión a una posible intervención. Palabras duras, incómodas y nada casuales.
Para Otaola, ese conjunto de señales dibuja un escenario inquietante para la cúpula del poder en La Habana. No sería una acción improvisada, advirtió, ni algo que el público pueda anticipar fácilmente. Sería, más bien, una jugada calculada, conocida por las dictaduras involucradas y por el alto mando militar estadounidense.
Mientras el régimen cubano responde con ejercicios militares, consignas gastadas y fotos ridículas de dirigentes posando con armas, la realidad es que el miedo no está en el pueblo, está en el poder. Saben que sin petróleo, sin dinero y sin aliados fuertes, el discurso de resistencia se queda sin oxígeno.










