Régimen anuncia cierra a gran escala de calles y avenidas en La Habana para recibir los restos de los 32 militares muertos en Venezuela

Redacción

La Comisión Provincial de Seguridad Vial de La Habana anunció un operativo de cierre de calles a gran escala que afectará a buena parte de la capital desde la madrugada de este jueves 15 de enero. La medida, presentada como un dispositivo de “seguridad vial”, responde en realidad al despliegue político y propagandístico organizado por el régimen para los homenajes a los 32 militares cubanos muertos en Venezuela.

Según la versión oficial, los fallecidos murieron “heroicamente” durante un supuesto “ataque criminal” de Estados Unidos. Sin embargo, el precio inmediato de esa narrativa lo paga la población, que verá paralizada la ciudad durante horas en medio de una crisis de transporte, apagones y escasez de combustible.

Desde las 4:00 de la madrugada quedará prácticamente congelado el tránsito en amplias zonas de La Habana. El régimen ordenó la prohibición total de circulación y estacionamiento en arterias clave que conectan municipios enteros, incluyendo tramos de Paseo, Zapata, Infanta, G, Ayestarán, Boyeros, Carlos Manuel de Céspedes, Tulipán, Reina, Monte, Prado y Zanja, entre muchas otras. La capital amanecerá partida en pedazos, con barrios enteros aislados por un corte ceremonial diseñado para la televisión, no para la vida real.

A partir de las 7:00 de la mañana, el cerco se amplía aún más con cierres operativos en intersecciones estratégicas desde la zona de Van Troy hasta Paseo, lo que afectará directamente el flujo entre Plaza, Centro Habana, Cerro, Diez de Octubre y Boyeros. Las autoridades “recomiendan” usar rutas alternativas, como si moverse en La Habana fuera un juego de mesa y no una odisea diaria marcada por la falta de transporte público y combustible.

Como de costumbre, el Estado pide disculpas formales mientras impone el caos sin ofrecer soluciones reales, delegando el control total a la PNR y dejando a miles de trabajadores, estudiantes y enfermos a su suerte.

Todo este despliegue responde al programa oficial de repatriación de los cuerpos, que llegarán al Aeropuerto José Martí en la mañana del jueves para recibir honores militares. Desde allí, los féretros serán trasladados por la Avenida Rancho Boyeros hasta el MINFAR, donde se abrirá una capilla ardiente a partir de las 10:00 a.m. La ciudad se convierte así en escenario obligatorio de una liturgia política, mientras la vida cotidiana queda suspendida.

El viernes 16 de enero, la maquinaria propagandística sube otro nivel. A primera hora se celebrará un acto político-militar en la Tribuna Antimperialista, seguido de la llamada Marcha del Pueblo Combatiente. El nombre suena épico, pero la realidad es otra: movilización forzada, consignas recicladas y una puesta en escena que busca tapar preguntas incómodas. Ese mismo día habrá actos simultáneos en todas las provincias y entierros por la tarde, completando un calendario diseñado para ocupar el espacio público y el discurso nacional.

Detrás de las banderas, los honores y los cierres masivos, persiste un silencio que cada vez pesa más. El régimen sigue sin explicar qué hacían exactamente esas tropas cubanas en Venezuela, por qué estaban integradas a la seguridad personal de Nicolás Maduro y bajo qué órdenes operaban. Durante años lo negaron todo. Hoy, cuando los ataúdes llegan, intentan convertir el desastre en épica.

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