El régimen cubano volvió a sacar pecho esta semana con lo que llama su “poder blindado”, pero las imágenes publicadas por la División de Tanques del MINFAR terminan diciendo mucho más de lo que la propaganda pretende ocultar. Lo que se ve no es fuerza ni modernidad, sino obsolescencia, improvisación y muchachos demasiado jóvenes cargando un peso que no les toca.
Las fotos, difundidas con entusiasmo oficial, muestran el inicio de un supuesto “ciclo de preparación combativa”. Sin embargo, los verdaderos protagonistas no son sofisticados sistemas militares ni tecnología de punta, sino reclutas del Servicio Militar Obligatorio, adolescentes que apenas han salido de la escuela y ya están metidos en tanques heredados de la Guerra Fría.
En una de las imágenes destaca un simulador mecánico para la conducción de tanques. Nada de pantallas digitales, sensores modernos o realidad virtual. Palancas, relojes analógicos y resortes, un modelo prácticamente idéntico al que Cuba usa desde los años 70 y 80. Es, en el mejor de los casos, una herramienta básica para enseñar lo mínimo, pero totalmente fuera de lugar en un ejército que pretende venderse como “moderno” en pleno 2026.
Otra fotografía muestra a los reclutas manipulando ametralladoras pesadas DShK y KPVT, diseños soviéticos que datan de finales de los años 30 y 40. Son armas robustas, sí, pero también arcaicas, sin ópticas modernas, sin estabilización avanzada y muy lejos de los estándares actuales. Funcionan, pero funcionan como funciona un Lada del 82: a duras penas y por pura inercia histórica.
El remate llega con los tanques. Los jóvenes posan orgullosos junto a T-55 y PT-76, blindados fabricados entre 1951 y 1970, retirados hace décadas por la mayoría de los ejércitos del mundo. Sus sistemas de tiro, su precisión y su blindaje están muy por debajo de cualquier estándar moderno. Lo que en el discurso oficial se vende como “gloria militar”, en la práctica es chatarra mantenida a pulmón.
El comunicado del MINFAR habla de “preparación teórica, mecánica avanzada y puntería de élite”, pero las imágenes cuentan otra historia. Lo que se ve son jóvenes mal equipados, entrenando con tecnología de hace más de medio siglo, en un ejército que intenta proyectar fuerza mientras sobrevive con lo que quedó del bloque soviético.
Todo esto ocurre mientras el país se hunde en apagones, escasez de alimentos, hospitales sin recursos y una población agotada. No hay dinero para medicinas, pero sí para montar shows militares. No hay combustible para el transporte público, pero sí para mover tanques de museo y tomarse fotos para Facebook.
El contraste es brutal. En 2026, el régimen sigue apostando a la épica oxidada, exhibiendo armas de otra era y usando adolescentes como utilería propagandística. Más que un ejército moderno, lo que Cuba muestra es un museo militar al aire libre, sostenido por consignas, miedo y la vida de jóvenes que no decidieron estar ahí.







