Si uno se deja llevar por los reportajes que llegan desde Argentina, Cayo Largo del Sur parece un verdadero paraíso: playas de postal, hoteles de lujo, comida “de 10” y servicios donde “no falta nada”. Pero la otra cara de la moneda es mucho más dura: fuera de los resorts, Cuba atraviesa su peor crisis turística en décadas y millones de cubanos enfrentan apagones, escasez y un futuro cada vez más incierto.
Recientemente, Cadena 3 Argentina publicó una serie de reportajes que rozan lo publicitario. Turistas cordobeses celebran la atención del personal, los hoteles all inclusive como el Starfish, y las experiencias de excursiones que incluyen vuelos internos y viajes a La Habana por unos 250 dólares. La sensación que transmiten es que todo funciona perfecto, que Cuba es un destino donde todo está al alcance del viajero, y que no existe ningún problema.
El contraste con la realidad es brutal. Según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), Cuba perdió más de 350 mil turistas en los primeros nueve meses de 2025. La llegada de visitantes internacionales cayó un 20,5 % con respecto al año anterior, y las expectativas de cierre de año aún están muy lejos de los niveles prepandemia. Mientras los argentinos ven playas limpias y comida abundante, la isla real sufre ocupación hotelera baja, vuelos reducidos y calles llenas de basura.
Cayo Largo funciona como una burbuja blindada: sin apagones, sin sargazo, con autos eléctricos y personal que trabaja por turnos. No hay comunidades civiles viviendo ahí, solo trabajadores temporales. Es un enclave turístico cuidadosamente aislado del país real, donde el dólar y el euro circulan sin problemas y la escasez parece no existir. Allí, el “paraíso” no representa a Cuba, sino a un resort encapsulado.
El problema no se limita al turismo. La crisis es estructural. Ni siquiera los turistas rusos, durante años presentados como salvadores del sector, lograron sostener la llegada de visitantes: en 2025 bajaron más de un 37 %. Canadá, históricamente principal emisor, también redujo su flujo casi un 20 %, al igual que la comunidad cubana en el exterior. Mientras tanto, el régimen sigue priorizando hoteles de lujo controlados por GAESA, el conglomerado militar que domina el turismo, mientras millones de cubanos sufren cortes de electricidad, escasez de alimentos y colapso de servicios públicos.
En resumen, el problema no es que Cayo Largo sea bonito; el problema es fingir que esa postal representa al país entero. Cuba está partida en dos: un destino de lujo para turistas extranjeros y un país real, donde la mayoría lucha día a día por lo más básico. Mientras unos disfrutan resorts de ensueño, otros viven apagones y escasez. Esa es la verdadera Cuba, la que no aparece en los videos promocionales.










