El jefe de misión de Estados Unidos en La Habana, Mike Hammer, fue directo y sin rodeos este miércoles: nadie quiere ver al pueblo cubano pasando hambre. Sus palabras llegaron en medio del arribo y la distribución de ayuda humanitaria enviada por Washington y canalizada a través de la Iglesia católica, destinada a las familias afectadas por el huracán Melissa, que golpeó la isla en octubre de 2025.
Hammer dejó claro que esta asistencia no es un gesto simbólico, sino una respuesta concreta al deterioro acelerado de las condiciones de vida en Cuba. Aseguró que Estados Unidos mantendrá el apoyo “todo el tiempo posible”, con el objetivo de aliviar el sufrimiento de una población cada vez más golpeada por la crisis.
“Estamos dando apoyo al pueblo porque nadie quiere ver que el cubano esté pasando hambre, esté sufriendo. Este pueblo lleva sufriendo ya bastante”, afirmó el diplomático, quien no ocultó su preocupación tras más de un año en La Habana. Según dijo, la situación en la isla no solo es grave, sino que ha empeorado visiblemente en ese corto período.
Sin petróleo venezolano, el golpe será mayor
Al ser preguntado sobre cuánto más puede aguantar el régimen cubano sin el petróleo que antes llegaba desde Venezuela, Hammer fue prudente, pero contundente. Reconoció que es difícil poner fechas, aunque advirtió que la crisis puede profundizarse aún más.
“Si quitas ese petróleo que recibían, la situación energética será peor”, señaló, en referencia directa al impacto que ha tenido la detención de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero y la paralización de los envíos de crudo venezolano hacia Cuba. Un golpe que deja al descubierto la dependencia extrema del régimen y su incapacidad para sostener el país por sí mismo.
La escasez de combustible, los apagones y el colapso del transporte no son una amenaza futura, son ya parte del día a día de los cubanos, mientras el gobierno sigue sin ofrecer soluciones reales.
La ayuda llega, la responsabilidad es del régimen
Hammer destacó el papel clave de la Iglesia católica como canal humanitario confiable y reiteró que el envío de ayuda no tiene fines políticos, sino puramente humanitarios. Aun así, lanzó una advertencia que deja al régimen en evidencia.
“Esperemos que el régimen entienda bien que es su responsabilidad permitir que podamos ayudar. Si el gobierno se niega, tendrá que explicar no solo al pueblo, sino al mundo, por qué no recibe la ayuda”, afirmó.
El mensaje es claro: si la ayuda no llega a quienes la necesitan, no será por falta de voluntad internacional, sino por decisiones políticas internas que siguen castigando a la población.
Sin anuncios sobre el futuro político
El diplomático evitó entrar en especulaciones sobre posibles conversaciones o cambios en la política hacia Cuba. Aclaró que cualquier definición sobre el rumbo político será anunciada directamente por el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio.
Mientras tanto, aseguró que la prioridad de la misión estadounidense en La Habana sigue siendo apoyar al pueblo cubano, facilitar la entrada de ayuda humanitaria y trabajar junto a organizaciones religiosas y civiles, en un país donde el Estado falla sistemáticamente en proteger y alimentar a su gente.










