Llegan a Cuba los cuerpos de los 32 militares cubanos muertos en Venezuela durante la captura de Nicolás Maduro

Redacción

Los cuerpos de los 32 militares cubanos muertos en Venezuela regresaron este jueves a La Habana envueltos en un espectáculo oficial cuidadosamente coreografiado, donde el dolor real quedó en segundo plano frente al simbolismo político. El régimen apostó por una escenografía de alto impacto, con movilización forzada y discursos repetidos, mientras evita responder la pregunta clave: qué hacían esos soldados cubanos combatiendo fuera del país.

Al amanecer del 15 de enero, un avión ATR 42-500 de Cubana de Aviación aterrizó en el Aeropuerto Internacional José Martí con los féretros de los militares fallecidos el pasado 3 de enero. Según la versión oficial, murieron “en el cumplimiento del deber”, una frase comodín que el poder usa cada vez que necesita tapar una decisión política con un manto de épica.

En la pista se preparó una ceremonia militar con presencia de altos mandos de las Fuerzas Armadas, dirigentes del Partido Comunista y funcionarios del MINREX. Todo muy solemne, todo muy calculado. Mucha bandera, mucho uniforme, pero ni una sola explicación clara para las familias ni para el país.

Tras el acto inicial, los féretros fueron trasladados por la Avenida Rancho Boyeros hasta la sede del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Allí se instaló una capilla ardiente para permitir el paso del público, aunque desde bien temprano ya se notaba la mano del Estado movilizando trabajadores, estudiantes y militantes para “acompañar” el recorrido, como si el duelo también necesitara obediencia.

Desde las seis de la mañana, funcionarios y jóvenes de organismos oficiales ocuparon puntos clave de la ciudad. En redes sociales circularon imágenes del despliegue con mensajes de tono triunfalista, intentando vender unidad y compromiso, mientras el país sigue sin saber cuántos cubanos más están metidos en aventuras militares ajenas.

El operativo incluyó un amplio cierre de calles y restricciones de tráfico desde la madrugada. La Habana amaneció prácticamente tomada para garantizar que el cortejo avanzara sin contratiempos, aunque eso implicara paralizar la ciudad. Cuando se trata de propaganda, el régimen no escatima en molestias al ciudadano.

Las conmemoraciones no terminarán ahí. Para el viernes 16 de enero está prevista una concentración masiva en la Tribuna Antimperialista José Martí, como punto de partida de una nueva marcha diseñada para reforzar el discurso de “patria o muerte” y la alianza con Venezuela. Actos similares se replicarán en todas las provincias, cerrando la jornada con la inhumación de los cuerpos en panteones oficiales.

Todo esto ocurre mientras Washington confirmó que el operativo que provocó la caída de Nicolás Maduro fue una acción directa para evitar una crisis humanitaria, y mientras Venezuela entra en una transición frágil bajo supervisión internacional. Cuba, en cambio, sigue aferrada al libreto viejo, ese donde siempre hay héroes, pero nunca responsables.

Días antes del arribo de los restos, el canciller Bruno Rodríguez realizó una visita relámpago a Venezuela, sin anuncio previo ni cobertura oficial. Participó en actos de homenaje y entrega de ascensos póstumos, reforzando el discurso de sacrificio compartido. Mucho gesto simbólico, cero transparencia, como manda la casa.

A pesar del despliegue mediático, el Estado cubano no ha explicado la naturaleza de la misión, cuántos efectivos fueron enviados ni bajo qué acuerdos se actuó. La prensa independiente sigue excluida y la ciudadanía, desinformada. El contraste es brutal: silencio total en los hechos, ruido máximo en la propaganda.

El régimen vuelve a apelar al “internacionalismo” y a la “agresión imperialista”, reciclando consignas de otras épocas, como si los muertos en África o ahora en Venezuela fueran simples capítulos de un mismo guion. Pero esta vez, cada ataúd pesa más. Y cada pregunta sin responder deja más claro que Cuba sigue pagando con vidas las lealtades ideológicas de una cúpula desconectada del país real.

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