La foto de Felipe Pérez Roque en el homenaje a los militares cubanos fallecidos en Venezuela ha prendido candela en las redes sociales. La imagen, publicada por la BBC, muestra al exministro de Relaciones Exteriores caminando entre la multitud que acompañó el desfile fúnebre por los restos de 32 soldados que murieron en esa operación, cuyos cuerpos llegaron a La Habana este jueves.
La escena fue captada en Avenida Rancho Boyeros, cerca de Tulipán. Allí aparece Pérez Roque con un suéter gris y una expresión de cansancio y hasta desánimo, mezclado con trabajadores que formaban parte del recorrido. Su posición, en la segunda fila detrás de una bandera cubana y retratos de Fidel y Raúl Castro, resulta tan irónica como reveladora: esos mismos que lo mandaron al olvido político están ahora ahí, encima de él, como símbolos de una revolución que devora hasta a sus propios favoritos.
La presencia de Pérez Roque ha desatado comentarios sin piedad en las redes. Un internauta no se anduvo por las ramas: “Hay que tener mucho descaro para aparecer ahí después de todo lo que le hicieron. Más que castigo, se lo merecía”, escribió, con esa mezcla de humor afilado y crítica que caracteriza a tantos cubanos en línea.
Para entender por qué es tan llamativa esta foto hay que recordar quién fue este hombre. Ingeniero electrónico de formación, Pérez Roque fue durante años una de las figuras más destacadas del gobierno cubano. Líder estudiantil, llegó a convertirse en canciller de la isla en 1999 y, por un tiempo, fue visto como uno de los más jóvenes y prominentes en el poder.
Pero todo cambió en 2009. En medio de una reestructuración interna, fue sacado de su cargo de forma abrupta, junto a otros pesos pesados como Carlos Lage. La destitución fue acompañada por una lluvia de críticas desde la misma cúpula castrista. Fidel Castro, en uno de sus escritos públicos, atacó sin piedad a Pérez Roque y a Lage, acusándolos de haber sido corrompidos por el “dulzor” del poder, de no haber conocido sacrificio real y de caer en ambiciones que los llevaron a un comportamiento “indigno”, dejando al enemigo externo lleno de ilusiones sobre ellos.
Después de esa caída estrepitosa, el exministro prácticamente desapareció del primer plano político. Su vida ha sido un misterio para muchos, con solo algunas fotos esporádicas circulando de vez en cuando, mostrando a un hombre lejos de los focos de poder.
Verlo ahora mezclado entre una multitud en un acto que el propio régimen ha tratado de convertir en símbolo patriótico mientras manipula la narrativa de la muerte de esos 32 soldados cubanos es algo más que curioso. El gobierno organizó una ceremonia oficial para despedirlos, presentándolos como héroes caídos en defensa de una causa revolucionaria, aunque la realidad de esa operación en Venezuela y las implicaciones para Cuba sigue siendo objeto de controversia y debate.
En la foto, Pérez Roque no sonríe. Parece más bien un recuerdo difuso de una época en la que el régimen lo colocó en la cima, solo para hacerlo caer sin piedad. Su presencia en este homenaje no es casual, ni espontánea como quieren pintarlo algunos. Más bien se siente como otro acto más de un sistema que trata de reciclar figuras, manipular imágenes y esconder sus contradicciones, mientras la isla sigue sin respuestas y con su gente cargando con las consecuencias de las decisiones de quienes una vez ostentaron el poder absoluto.







