Gerardo Hernández justifica superioridad de los Delta Force contra los militares cubanos en Venezuela asegurando que estos solo llevaban «armas ligeras»

Redacción

El coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución, Gerardo Hernández Nordelo, volvió a demostrar hasta dónde llega el cinismo del discurso oficial al calificar como un “momento histórico” la muerte de militares cubanos en Venezuela, caídos durante los enfrentamientos que rodearon la captura de Nicolás Maduro.

El exespía habló en La Habana durante la despedida oficial a los soldados fallecidos y no escatimó épica. Dijo que era un instante para sentirse “orgullosos”, que la Patria estaba amenazada y que lo ocurrido debía servir como acto de unidad nacional, aunque la mayoría de los cubanos lidia a diario con apagones, hambre y desesperanza.

Según Hernández, los militares cubanos en Caracas “solo portaban armas ligeras”, no pertenecían a ninguna unidad de artillería y cumplían una misión “muy específica”. Una afirmación que, lejos de aliviar, agrava el panorama. Confirma que estaban allí, en un escenario de guerra real, mal armados y expuestos, defendiendo intereses que nada tienen que ver con la seguridad de Cuba.

El dirigente fue aún más explícito al asegurar que esos militares “se batieron hasta que se acabaron las municiones” y que defendieron “la vida de Nicolás Maduro hasta las últimas consecuencias”. Dicho sin rodeos: soldados cubanos murieron protegiendo a un dictador extranjero, hoy detenido por fuerzas estadounidenses tras una operación ordenada por Donald Trump el 3 de enero.

Mientras Hernández decía sentirse conmovido por la fila de personas que acudió a rendir tributo, el régimen seguía vendiendo la historia bajo la etiqueta de “héroes internacionalistas”, una consigna reciclada que intenta tapar una realidad incómoda: La Habana envió militares a Venezuela y mintió durante años sobre esa presencia.

Sus palabras reafirman lo que el gobierno cubano negó sistemáticamente. Sí había tropas cubanas en Venezuela. Sí cumplían funciones de seguridad directa del poder chavista. Sí murieron en combate. Todo lo demás es propaganda.

La justificación oficial vuelve a ser la misma de siempre: la llamada “solidaridad revolucionaria”. Un concepto gastado que hoy suena hueco frente a un país en ruinas, donde hospitales no tienen insumos, las familias dependen de remesas y miles de jóvenes emigran para escapar de la miseria.

En redes sociales, muchos cubanos no compran el relato épico. Cuestionan con razón por qué el gobierno envía soldados a morir en conflictos ajenos, mientras en la Isla no hay comida, medicinas ni futuro. La respuesta del poder, una vez más, no es transparencia ni autocrítica, sino consignas, uniformes y discursos grandilocuentes.

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