El opositor cubano José Daniel Ferrer dejó claro que el diálogo con Estados Unidos está abriendo caminos importantes para el futuro de la isla. Según publicó en X, las conversaciones con Mike Hammer, jefe de misión de la Embajada estadounidense en La Habana, fueron “muy fructíferas” y muestran que Washington no solo mantiene solidaridad con los cubanos, sino que podría convertirse en un aliado estratégico en la reconstrucción del país cuando llegue un cambio político real.
Ferrer destacó que estas conversaciones abren nuevas perspectivas de colaboración futura: “Estamos seguros de que, además de la solidaridad actual, Estados Unidos será nuestro mejor aliado en el proceso de reconstrucción de nuestra patria”, escribió, subrayando la importancia de tender puentes hacia un futuro distinto y libre para Cuba.
Pero no se quedó en palabras diplomáticas. En medio de un escenario político tenso, el opositor hizo un llamado directo al pueblo cubano a aprovechar el momento y actuar: romper vínculos con organizaciones estatales, sumarse a movimientos prodemocráticos y expresar públicamente —o de manera discreta— su rechazo al régimen. Ferrer insistió en que la participación ciudadana debe ir más allá de la denuncia: actos concretos, aunque sencillos, como grafitis a favor de la libertad o la defensa de los presos políticos, pueden tener un impacto real y simbólico.
Más allá de la movilización interna, Ferrer resalta la importancia de la solidaridad internacional. Sus mensajes sugieren que Estados Unidos puede jugar un papel central en un eventual proceso de transición, aportando apoyo político, económico y humanitario a un país devastado por décadas de corrupción, ineficiencia y represión. Durante 2025, Hammer se mantuvo activo visitando artistas y representantes de la sociedad civil, reafirmando su respaldo a libertades fundamentales pese a la constante vigilancia de los agentes del régimen. Además, la asistencia humanitaria a través de la Iglesia católica muestra que Estados Unidos no solo ofrece palabras, sino también ayuda tangible para aliviar el sufrimiento del pueblo cubano.
La postura de Ferrer también rompe con la narrativa oficial del castrismo, que históricamente pinta a Washington como enemigo. El opositor lo señala como un socio indispensable para alcanzar un futuro libre y próspero, y ha advertido al régimen sobre las consecuencias de seguir reprimiendo al pueblo: “Si continúan oprimiendo y reprimiendo al pueblo, serán ustedes los responsables de lo que suceda. Un pueblo esclavizado desea que alguien lo salve, y si es Estados Unidos quien lo hace, la inmensa mayoría de los cubanos lo va a agradecer”.
Ferrer, fundador de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), ha enfrentado detenciones, prisión y persecución, y su estrategia combina la acción interna con la búsqueda de respaldo internacional para presionar al régimen. Su propuesta de ver a Estados Unidos como aliado no es solo táctica, sino parte de una visión más amplia: una transición en Cuba que dependa de la participación ciudadana, la presión internacional y la cooperación para reconstruir un país devastado.
En un contexto donde la crisis económica y la falta de libertades golpean cada día a la población, las palabras de Ferrer buscan encender la esperanza de cambio, recordando que la liberación del pueblo cubano no llegará solo con denuncias o discursos, sino con organización, acción y alianzas estratégicas que enfrenten al régimen con firmeza y claridad.







