Prensa oficialista hace discurso político con los familiares de los militares muertos: «Si tengo que ir a combatir también a Venezuela, iré cuando sea preciso»

Redacción

La televisión estatal cubana se encargó de mostrar al hijo de Luis Manuel Jardines Castro, uno de los 32 militares que murieron el 3 de enero en Caracas, dejando claro su supuesto orgullo y lealtad al régimen castrista. “Yo estoy orgulloso de él, que estaba combatiendo en Venezuela junto a Maduro”, afirmó sin titubeos.

Jardines Castro, chofer de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), hubiera cumplido 60 años el próximo 30 de enero. La cobertura enfatizó que su sacrificio es un ejemplo a seguir. Su hijo, que lleva el mismo nombre, no dudó en repetir la línea oficial: “Así mismo. Que este ejemplo lo lleven a seguir todo el mundo, todo el pueblo de Cuba”. Incluso añadió que él mismo estaría dispuesto a ir a Venezuela si el régimen lo exigiera: “Voy a seguir el ejemplo de él. Si tengo que ir a combatir también a Venezuela, iré en el momento que sea preciso”.

El relato transmitido por los medios estatales busca construir una narrativa épica de continuidad generacional y compromiso político. Pero más allá de la retórica heroica, la verdad es mucho más cruda: esos militares no estaban defendiendo a Cuba, sino sosteniendo a un dictador extranjero, Nicolás Maduro, en medio de una operación que terminó con su captura. La “misión patriótica” era en realidad una maniobra de seguridad política para garantizar la supervivencia del chavismo.

Otra familiar de Jardines Castro reforzó la versión oficial: “Sentimos orgullo. Él fue un revolucionario más y representó a nuestro país. Nosotros sabemos lo que significa Venezuela para nosotros. El pueblo hermano, y si tenemos que ir, volvemos”. Todo esto en medio de una Cuba que atraviesa apagones, escasez de alimentos y medicinas, inflación y un malestar social que el régimen ya no puede disimular.

En este contexto, cada imagen de respaldo y unidad cuenta para los medios del Estado. La narrativa insiste en que los familiares hablan desde el orgullo, como si la muerte de sus seres queridos fuera un honor voluntario y no el resultado de enviar hombres a morir en tierras extranjeras para proteger a un dictador.

La viuda de Jardines Castro también intervino en la cobertura televisiva: “Sé que no murió en el mejor de los momentos, pero lo hizo con orgullo, con valentía”, dijo. Según ella, su esposo llevaba un año en Venezuela, estaba contento y deseaba seguir cumpliendo misión. “Uno se comunicaba con él y siempre tenía esa alegría y ese orgullo del trabajo que hacía… Si estuviese entre nosotros, diría: ‘si tengo que volver a hacerlo, lo vuelvo a hacer’, porque esos eran sus ideales”.

Sus palabras, aunque cargadas de dolor genuino, encajan perfectamente con el guion que el régimen quiere mostrar: hombres convencidos, felices y agradecidos por morir lejos de casa defendiendo a otro país. La televisión incluso reforzó la idea de un “pueblo unido” en la calle, con multitudes mostrando supuesta espontaneidad y respaldo social.

Detrás de la puesta en escena, sin embargo, se oculta una verdad incómoda: Cuba estaba desplegando oficiales en Caracas para sostener a un poder extranjero en crisis, no por causas humanitarias ni por defensa nacional. Los testimonios de familiares y de los militares que sobrevivieron confirman que no se trataba de presencia simbólica ni de asesoría superficial, sino de implicación directa en operaciones.

Mientras el régimen cubano convierte esta tragedia en propaganda, el costo humano real es devastador: 32 soldados muertos, familias rotas y un país que sigue pagando el precio de la lealtad ciega a dictaduras ajenas. La épica que venden en la televisión no puede ocultar que estos hombres fueron enviados a morir para proteger intereses que nada tienen que ver con Cuba.

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