Ulises Toirac dice lo que muchos callan: “La patria ya no convoca a nadie

Redacción

Ulises Toirac volvió a hacer lo que mejor sabe: decir una verdad incómoda con claridad, sin consignas y sin miedo. Esta vez no fue desde el humor, sino desde una reflexión profunda sobre una palabra que en Cuba se ha repetido hasta el cansancio: patria. Según el actor y humorista, ese concepto está tan desgastado que ya no moviliza, no emociona y, peor aún, no convence a nadie.

En un comentario publicado en Facebook, Toirac desmonta el discurso oficial que todavía apela al sacrificio extremo “por la patria”, como si el país siguiera anclado en otra época. Para él, ese llamado ya no encuentra eco en una población que sabe perfectamente que no decide nada, que no participa en las decisiones importantes y que ha sido relegada al papel de espectador de su propio destino.

Su análisis aparece en un contexto donde vuelven a circular rumores, tensiones internacionales y escenarios de confrontación. Y ahí es donde Ulises pone el dedo en la llaga: nadie está dispuesto a morir por un discurso que no se corresponde con la realidad diaria. No se puede pedir heroísmo cuando lo que se vive es sobrevivencia.

Una patria que no decide… y ya no representa

Toirac aclara que el problema no es solo económico. No se trata únicamente de la escasez, de los apagones, de los hoteles vacíos o de las infraestructuras en ruinas. El deterioro más grave es político y simbólico. La palabra “patria” ha sido tan usada, manipulada y vaciada de contenido que perdió su capacidad de convocatoria.

Durante décadas, el Estado cubano sostuvo la idea de que, ante una agresión externa, el pueblo protagonizaría una “guerra de desgaste”. Pero Ulises es claro: esa hipótesis ya no se sostiene. Un pueblo que no tiene voz ni voto, que no elige, que no corrige, que no decide, no siente que haya una patria que merezca ser defendida al precio de la vida.

El humorista lo dice sin rodeos: cuando la gente ha comprobado una y otra vez que no decide nada, que la Asamblea aplaude decisiones que dañan al propio pueblo y que la única esperanza de progreso está en emigrar, el concepto de patria queda reducido a una palabra hueca.

Cuando lo impensable deja de asustar

Uno de los puntos más reveladores de su reflexión es cuando menciona la anexión, un tema que durante años fue presentado como el peor de los pecados. Ulises aclara que no lo ve como solución, pero lo usa como termómetro social. Si algo así deja de ser impensable para muchos, no es por convicción ideológica, sino por cansancio.

Cuando la patria no protege, no representa y no escucha, deja de cumplir su función simbólica. Y cuando eso ocurre, la idea misma de nación se resquebraja. No porque la gente deje de amar su tierra, sino porque se siente expulsada de ella.

Un discurso congelado en el tiempo

“Esto no es 1962”, recuerda Toirac. No son los 60 ni los 70, pero los lemas siguen siendo los mismos. Mientras el mundo cambia, el discurso oficial permanece congelado, apelando a sacrificios eternos de una población agotada, empobrecida y excluida.

La conclusión es demoledora pero lógica: no se puede pedir heroísmo a quien no es tratado como ciudadano. No se puede invocar la patria cuando la patria no escucha, no protege y no permite decidir. Y no se puede hablar de resistencia cuando la mayoría ya entendió que su futuro está fuera del país.

Ulises Toirac no habla desde la ideología, habla desde la realidad. Y su mensaje es claro: sin voz ni voto, no hay patria que defender.

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