Matanzas vuelve a oler a billete falso, y esta vez el episodio explotó en pleno municipio de Unión de Reyes. Un intento de pagar un café terminó destapando algo mucho más serio: la circulación cada vez más frecuente de billetes falsificados de 100 dólares en una provincia donde el dólar vale más que la fe.
La protagonista del último escándalo es una joven identificada como Irayis Cañizares Hernández, sorprendida cuando trató de pagar con un billete falso en una cafetería privada. Hasta ahí, parecía el típico cuento de estafa pequeña. Pero la cosa se puso fea rápido cuando la policía revisó y encontró otros 16 billetes iguales, todos falsos. No uno, no dos. Diecisiete. El café salió caro.
La información salió de un perfil oficialista en Facebook, que confirmó la detención pero evitó, como de costumbre, dar detalles incómodos. Nada se dijo sobre de dónde salieron esos billetes, ni si Irayis era una improvisada con mala suerte o una ficha más dentro de una red mayor. Y en Cuba, cuando no se aclara nada, es porque hay mucho que no quieren explicar.
Las redes sociales, por supuesto, hicieron su trabajo mejor que cualquier parte policial. Algunos criticaron la osadía de la joven, otros apuntaron directamente al elefante en la habitación: el miedo inducido para controlar el mercado informal del dólar. No faltaron quienes dijeron sin anestesia que esto huele más a estrategia que a casualidad.
Entre burlas y sospechas, varios usuarios recordaron algo inquietante: los billetes falsos se venden como caramelos en tiendas online, etiquetados como “utilería para filmaciones”. Baratos, accesibles y peligrosos en un país donde una compra mal hecha te puede costar la libertad.
Y ojo, porque esto no es un caso aislado. Matanzas ya viene acumulando episodios similares. En Colón, otro hombre cayó en julio tras intentar pagar con un billete falso. Antes, en Jovellanos, la historia fue casi calcada. Siempre el mismo denominador común: 100 dólares falsos, negocios privados y una economía al límite.
El fenómeno tampoco es nuevo. En 2023, Sancti Spíritus destapó un fraude a gran escala con dólares falsificados vendidos por Revolico. Ahí sí hubo organización, volumen y ganancias jugosas. No fue un invento ni un error: fue negocio puro, nacido de la necesidad y alimentado por el caos monetario.
Hoy el discurso oficial habla de “tolerancia cero”, pero evita mirar el fondo del problema. Escasez de divisas, mercado informal criminalizado, salarios de chiste y desesperación real. Ese es el caldo de cultivo perfecto para que el billete falso circule más rápido que la verdad.
Mientras el Gobierno se entretiene en el show propagandístico, la gente común queda atrapada, obligada a revisar cada dólar como si fuera un diamante falso. Porque en la Cuba actual, hasta pagar una tacita de café puede convertirse en un problema de Estado.










