Iglesia Católica comienza la entrega sin mediación del régimen de módulos de alimentos enviados por Estados Unidos como ayuda humanitaria

Redacción

En medio de la devastación provocada por el huracán Melissa, Cáritas Cuba comenzó la entrega de módulos de alimentos e higiene en la Parroquia San Pedro Apóstol, en el municipio holguinero de Cacocum, para apoyar a familias que lo perdieron casi todo tras el paso del ciclón.

La distribución se realiza con el respaldo de voluntarios y miembros de las propias comunidades, según informó la organización en sus redes sociales. Los módulos están dirigidos a personas que quedaron sin vivienda, sin enseres básicos y con acceso limitado a recursos esenciales, una realidad que el régimen suele minimizar en sus discursos oficiales.

Esta acción forma parte de un esfuerzo humanitario más amplio que incluye varios cargamentos procedentes de Estados Unidos, destinados a unas 6,000 familias en las diócesis de Bayamo-Manzanillo, Holguín-Las Tunas, Santiago de Cuba y Guantánamo-Baracoa. El viernes arribó el segundo avión con ayuda al Aeropuerto Internacional Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, cargado con cientos de kits de alimentos no perecederos y productos de higiene.

Se trata de artículos básicos para la supervivencia diaria, en un país donde alimentarse y mantener condiciones mínimas de higiene se ha vuelto una lucha constante, incluso sin huracanes de por medio. Cáritas destacó que el envío representa un gesto de solidaridad del pueblo estadounidense hacia los más vulnerables, un detalle que contrasta con la narrativa oficial que insiste en presentar a Washington como enemigo.

La entrega está siendo coordinada por la Iglesia católica y Cáritas Cuba, con énfasis —según afirman— en la transparencia, el trato digno y la protección de los beneficiarios. El papel del voluntariado local ha sido clave para que la ayuda llegue directamente a las familias, sin el filtro ni el control habitual del aparato estatal.

Este segundo cargamento se suma a un primer envío que había llegado al Aeropuerto Internacional de Holguín con una cantidad similar de kits. En total, el gobierno de Estados Unidos anunció tres envíos de ayuda para los damnificados por el huracán Melissa: dos por vía aérea y uno por barco, como parte de un paquete de asistencia de tres millones de dólares.

Washington asegura que trabaja en coordinación con la Iglesia católica en Cuba para garantizar que la ayuda llegue de manera directa y eficaz a la población. Según estimaciones oficiales, la asistencia podría beneficiar hasta a 24,000 personas en provincias duramente golpeadas como Santiago de Cuba, Holguín, Granma y Guantánamo.

Los envíos incluyen alimentos básicos, insumos para purificar y almacenar agua, y artículos esenciales para el hogar como ollas, utensilios de cocina, sábanas, mantas y linternas solares, imprescindibles en un país ahogado por los apagones y el colapso de los servicios básicos.

Fiel a su guion, el régimen reaccionó con un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores acusando a Estados Unidos de “manipulación política” y negando coordinación oficial entre ambos gobiernos. Al mismo tiempo, dejó claro que se enteró de la iniciativa a través de la Iglesia y reiteró que toda ayuda humanitaria debería pasar por los canales del Estado.

Sin embargo, más allá de la retórica, los bienes están llegando y se están distribuyendo en comunidades del oriente cubano que aún lidian con las secuelas del huracán. Melissa impactó la región como ciclón de categoría 3, dejando miles de personas sin hogar y causando daños severos en cultivos, electricidad, telecomunicaciones e infraestructura de agua, todo esto en un país ya devastado por la escasez y la mala gestión gubernamental.

Una vez más, la realidad contradice al discurso oficial: mientras el régimen acusa y politiza la tragedia, la ayuda concreta llega gracias a la Iglesia y a la solidaridad internacional, no a la eficiencia de un Estado que sigue fallando a su pueblo.

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