Estados Anuncia nuevos vuelos de ayuda humanitaria a Cuba para «los más necesitados» y sin mediación del régimen para su entrega

Redacción

Mientras el discurso oficial en La Habana sigue intentando desacreditarlo todo, la ayuda humanitaria enviada desde Estados Unidos ya está llegando a comunidades vulnerables del oriente cubano afectadas por el huracán Melissa. Así lo confirmó la Embajada estadounidense en Cuba, que celebró que los suministros estén alcanzando a “los más necesitados” y dejó claro que, si la distribución continúa funcionando, habrá más envíos.

El mensaje fue publicado en X justo cuando comenzaba a extenderse la entrega de módulos de alimentos e higiene en zonas golpeadas por el ciclón, una operación coordinada por la Iglesia católica y Cáritas Cuba, lejos de los canales estatales que históricamente filtran, ralentizan o politizan cualquier ayuda.

Según informó Cáritas, la distribución arrancó en la Parroquia San Pedro Apóstol, en el municipio holguinero de Cacocum, con el apoyo de voluntarios y miembros de las propias comunidades. Los módulos están destinados a familias que lo perdieron casi todo tras el paso de Melissa en octubre: casas dañadas, enseres destruidos y acceso precario a alimentos y productos básicos.

La iniciativa forma parte de un esfuerzo mayor que incluye varios cargamentos procedentes de Estados Unidos, pensados para beneficiar a unas seis mil familias de las diócesis de Bayamo-Manzanillo, Holguín-Las Tunas, Santiago de Cuba y Guantánamo-Baracoa. Es decir, zonas donde el abandono estatal es tan visible como cotidiano.

En ese contexto, un segundo avión con ayuda humanitaria aterrizó en el Aeropuerto Internacional Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, con más de quinientos kits de alimentos no perecederos y más de seiscientos kits de higiene. Este envío se sumó a un cargamento previo que había llegado al aeropuerto de Holguín con volúmenes similares.

Según información citada del Departamento de Estado, Estados Unidos tiene previstos tres envíos en total para los damnificados de Melissa, dos por vía aérea y uno marítimo, como parte de un paquete de asistencia por desastre valorado en tres millones de dólares. El alcance estimado de esa ayuda podría beneficiar a unas veinticuatro mil personas en Santiago de Cuba, Holguín, Granma y Guantánamo.

Los suministros incluyen alimentos básicos como arroz, frijoles, aceite y azúcar, además de insumos para purificar y almacenar agua, utensilios domésticos, sábanas, mantas y linternas solares, estas últimas particularmente útiles en un país donde los apagones ya no son una excepción, sino la norma.

Cáritas insistió en que se trata de un gesto de caridad y solidaridad, y subrayó el papel del voluntariado local para garantizar que la ayuda llegue directamente a las familias, sin intermediarios ni manipulaciones.

En contraste, el régimen cubano reaccionó con el libreto de siempre. Desde La Habana se cuestionó la ayuda, acusando a Washington de “manipulación política” y recalcando que no existió coordinación oficial entre ambos gobiernos. También reiteraron que cualquier contribución humanitaria debería canalizarse a través del Estado, el mismo Estado incapaz de responder con eficacia cuando los desastres golpean.

Pese a la pataleta ideológica, la realidad se impone. La ayuda está llegando, se está repartiendo y está siendo recibida por comunidades que aún cargan con las secuelas del huracán. Y una vez más queda en evidencia que, cuando el régimen estorba menos, la gente come más.

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