¡Ni La Habana se salva! Cuba sumida en el caos de los apagones tras dejar de recibir los envíos de combustible de Venezuela

Redacción

El sábado 18 de enero volvió a confirmarse lo que en Cuba ya no es noticia, sino rutina: el Sistema Eléctrico Nacional sigue en caída libre. Según la propia Unión Eléctrica, el país pasó otra jornada completa a oscuras, con apagones durante las 24 horas y un déficit de generación que rozó niveles alarmantes.

En el momento de mayor tensión, poco después de las seis y media de la tarde, la falta de capacidad alcanzó los 1,995 megawatts, superando incluso las previsiones oficiales. ¿La causa? Las de siempre: unidades fuera de servicio, instalaciones paralizadas y una infraestructura que ya no aguanta más parches.

A primera hora del domingo el panorama no mejoraba. Con apenas 1,380 MW disponibles frente a una demanda de 2,250, el sistema arrancó el día con un déficit inmediato que dejó a miles de familias sin electricidad desde el amanecer. Para el mediodía, la afectación prevista subía todavía más, confirmando que el problema no es puntual, sino estructural.

Termoeléctricas rotas y mantenimientos eternos

La Unión Eléctrica reconoció que varias de las principales centrales termoeléctricas del país continúan fuera de servicio por averías. Mariel, Felton, Antonio Maceo y Carlos Manuel de Céspedes siguen sin aportar energía, mientras otras unidades permanecen detenidas por mantenimientos que se alargan indefinidamente.

A esto se suman las limitaciones en la generación térmica, con más de 600 MW indisponibles, una cifra que por sí sola explica buena parte del colapso diario del sistema. La realidad es simple: las plantas están viejas, mal mantenidas y funcionando al límite de lo posible.

Sin combustible, sin lubricantes… sin país funcionando

El desastre se agrava por la falta de combustible y lubricantes, un problema que el Gobierno evita explicar con claridad, pero que paraliza decenas de centrales de generación distribuida. Casi un centenar de estas instalaciones permanecen fuera de servicio, dejando fuera del sistema más de 900 MW adicionales.

Incluso las famosas patanas, presentadas durante años como solución de emergencia, aportan hoy más titulares que electricidad. Algunas están parcialmente inoperantes y otras apenas pueden sostener una fracción mínima de la demanda.

En total, las afectaciones vinculadas a la falta de insumos superan los 1,100 MW, una cifra que desmonta cualquier intento de maquillaje estadístico.

El pico nocturno: apagón asegurado

Para el horario pico de la noche, la UNE anunció la posible entrada de un pequeño refuerzo desde la Patana de Regla. El aporte es simbólico frente a una demanda que ronda los 3,150 MW. Incluso con ese “alivio”, el déficit previsto supera ampliamente los 1,700 MW, lo que garantiza apagones masivos y prolongados en todo el país.

La Habana tampoco se salva

En la capital, donde tradicionalmente se intenta proteger más el servicio, el sábado dejó casi 13 horas sin electricidad. La propia Empresa Eléctrica reconoció que no pudo cumplir con la programación prevista por la baja disponibilidad del sistema, obligando a aplicar cortes de emergencia.

El mensaje final fue claro, aunque envuelto en lenguaje técnico: si no ocurre un milagro energético, los apagones seguirán creciendo y afectarán cada vez más circuitos.

La paradoja solar

Mientras tanto, el Gobierno sigue exhibiendo como trofeo los nuevos parques solares. Su aporte, aunque real, es insuficiente frente al tamaño del problema. La energía generada apenas cubre una parte del déficit y no compensa el colapso del sistema térmico, que sigue siendo la columna vertebral del SEN.

Un país apagado y un discurso gastado

La crisis eléctrica ya no es consecuencia de un evento aislado ni de una “situación coyuntural”. Es el resultado directo de décadas de mala gestión, falta de inversión real y una economía incapaz de sostener su infraestructura básica.

Mientras el régimen habla de resistencia, defensa y sacrificio, los cubanos viven a oscuras, cocinan como pueden y organizan su vida alrededor de apagones que ya no se anuncian, simplemente se imponen.

La verdadera emergencia nacional no está en los discursos ni en los simulacros militares. Está en un país que no puede garantizar ni lo más elemental: luz para vivir.

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