Las redes sociales volvieron a estallar, y esta vez el detonante fue una confesión directa, sin maquillaje y bastante incómoda para muchos. La cantante cubana Amanda Sanz quedó en el centro de la polémica tras declarar públicamente que no cambiaría la comodidad de su vida en Estados Unidos por volver a enfrentar la realidad económica de Cuba.
Todo ocurrió durante una entrevista con Magdalena la Pelúa que rápidamente se viralizó en TikTok. Allí, Amanda explicó con total franqueza por qué no regresaría a la isla ni siquiera de visita prolongada. Su argumento no fue político, ni artístico, ni sentimental. Fue algo más crudo: la pobreza.
Sanz lleva más de una década viviendo en Estados Unidos como refugiada política, y aseguró que después de acostumbrarse a un estilo de vida estable, no se ve capaz de regresar a un entorno donde hasta comer algo básico implique “resolver”.
Su frase fue tan simple como explosiva: hay quienes van felices a Cuba, pero ella no se imagina tener que ingeniárselas para conseguir pollo o alimentos esenciales. Esa comparación directa tocó fibras sensibles entre cubanos dentro y fuera de la isla.
Pero el comentario que terminó de desatar la tormenta fue aún más fuerte. Amanda dijo, sin rodeos, que prefiere cruzar la calle y entrar a Walmart antes que ir a Cuba a pasar trabajo. Aclaró que respeta a quienes lo hacen, pero que en lo personal no podría. Según sus propias palabras, se acomodó a este país.
En cuestión de horas el video se llenó de miles de comentarios. Para muchos fue un golpe duro escuchar a una cubana hablar así de su propia tierra. Algunos la acusaron de superficial, otros de arrogante y otros simplemente de haber olvidado de dónde salió.
Varias reacciones fueron muy emotivas. Usuarios recordaron que la mayoría no viaja a Cuba por comodidad, sino por amor: por abrazar a un hijo, besar a una madre, reencontrarse con un padre o simplemente sentir el calor de la familia. Para ellos, esa experiencia no tiene comparación con ningún supermercado americano.
Otros seguidores expresaron su decepción, diciendo que admiraban a Amanda hasta escuchar sus palabras. Para ese grupo, más allá de la opinión, lo que dolió fue la forma en que comparó dos realidades tan distintas.
Sin embargo, también hubo quienes la defendieron. Algunos señalaron que no se trata de falta de humildad, sino de negarse a volver a una vida marcada por la escasez. Argumentaron que después de vivir con estabilidad y dignidad, resulta muy duro aceptar nuevamente la precariedad.
Y ahí está el verdadero punto de la polémica: no todos cuestionaron lo que dijo, sino cómo lo dijo. Porque muchos cubanos emigrados sienten lo mismo, pero lo guardan en silencio por miedo a ser juzgados.
Las declaraciones de Amanda Sanz no solo causaron ruido; abrieron otra vez un debate profundo sobre el exilio cubano: el choque entre la nostalgia por la tierra y el rechazo a la realidad que obliga a huir de ella.
Su sinceridad dividió opiniones, pero dejó algo claro: para muchos cubanos, Cuba sigue siendo el corazón… aunque duela volver.







