Salió de su casa en Holguín y nunca volvió: casi un mes sin rastro

Redacción

En Holguín hay una familia que vive con el corazón en pausa desde hace casi un mes. No se trata de un viaje, ni de una ausencia voluntaria. Se trata de una desaparición que duele más cada día que pasa. Yazmani Creo Pupo, un cubano de apenas 35 años, salió de su casa el pasado 23 de diciembre y desde entonces nadie ha vuelto a saber de él.

Y lo que más preocupa no es solo el silencio. Es su salud.

Yazmani padece esquizofrenia y diabetes, dos condiciones que hacen que su desaparición sea extremadamente delicada. Su familia vive con el miedo constante de que pueda estar desorientado, sin medicación o sin acceso a alimentos adecuados. Cada hora cuenta cuando hay enfermedades crónicas de por medio.

Lo más desconcertante es que él solía caminar por la ciudad con frecuencia. Era algo habitual. Pero siempre regresaba. Siempre encontraba la manera de volver a casa. Por eso esta vez el miedo es diferente, más pesado, más oscuro. Algo no está bien.

Su hermana, Yeni Yuniel Freire, no ha parado de pedir ayuda en Facebook. Publicó mensajes el 1 de enero y volvió a insistir el 14. En cada publicación repite lo mismo: Yazmani necesita atención médica, necesita aparecer, necesita volver. La desesperación es evidente. No hay descanso cuando un ser querido desaparece en estas condiciones.

Las búsquedas han sido agotadoras. Hospitales, estaciones de policía, centros psiquiátricos, instituciones oficiales… la familia ha recorrido cada lugar imaginable sin encontrar rastro alguno. No hay respuestas. No hay información. Solo puertas cerradas y más incertidumbre.

Otro usuario, Leonides Ayarde Zamora, también se sumó al llamado desde el 27 de diciembre. Lo describió como una persona con una condición mental congénita y confirmó que los familiares ya agotaron todas las vías institucionales posibles. Cuando el sistema no responde, el último recurso es Internet.

Y ahí es donde se repite la historia que tristemente ya se ha vuelto común en Cuba: familias que tienen que convertir las redes sociales en brigadas de búsqueda. Facebook se transforma en cartelera de desaparecidos. Fotos, descripciones, números de contacto, súplicas públicas… todo con la esperanza de que alguien lo haya visto.

Porque en la Isla, desaparecer sigue siendo casi una condena al olvido institucional.

Estos casos no solo muestran la vulnerabilidad de quienes se pierden o son tragados por el silencio, sino también el abandono que sienten sus familiares. Son ellos quienes investigan, quienes preguntan, quienes caminan calles enteras buscando pistas mientras el tiempo corre en contra.

La comunidad, mientras tanto, hace lo que puede: compartir, comentar, amplificar. Cada publicación es un intento colectivo de suplir la ausencia de mecanismos eficaces de búsqueda. En Cuba hoy, muchas veces son los ciudadanos quienes terminan haciendo el trabajo que debería ser prioridad estatal.

Yazmani sigue sin aparecer. Su familia sigue esperando. Y Holguín tiene un nombre más circulando en redes con una sola pregunta detrás:

¿Dónde está?

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