El jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, volvió a colocarse en el centro de la escena al reunirse con el nuevo mando del Comando Sur de Estados Unidos, en un encuentro que no cayó en saco roto dentro y fuera de la isla. La Embajada estadounidense en La Habana confirmó el intercambio a través de sus redes sociales, aunque con pocos detalles oficiales sobre lo que se discutió.
La cita tuvo lugar con el teniente general Evan L. Pettus, quien recientemente asumió el liderazgo del Comando Sur —la sede militar estadounidense encargada de la seguridad en el hemisferio occidental— en Doral, Florida, un lugar cargado de significado estratégico. La foto oficial difundida muestra a Hammer junto al alto mando militar, todo un símbolo político frente a la crisis que azota a Cuba.
Aunque la Embajada no entró en pormenores, la reunión se dio en un contexto regional particularmente tenso: mayor presencia militar estadounidense en el Caribe, operaciones contra el narcotráfico y una Cuba colapsando desde dentro, con apagones, escasez, represión y una ola migratoria sin precedentes. No es la primera vez que Hammer se reúne con el Comando Sur desde que asumió su cargo, pero sí la primera con Pettus al frente, tras la jubilación del almirante Alvin Holsey, recordado por su postura abiertamente crítica contra el régimen castrista.
Holsey no era una figura cualquiera: en encuentros anteriores había definido a Cuba como un factor “corrosivo” en América Latina, señalando sus lazos con potencias como Rusia, China e Irán, y cómo esos vínculos alimentan la migración irregular y la inseguridad en la región. Ahora, con Pettus en el timón, la agenda apunta a fortalecer la cooperación regional y enfrentar desafíos de seguridad complejos, un enfoque que encaja con la creciente actividad militar estadounidense en el Caribe.
Para muchos cubanos —tanto dentro como fuera de la Isla— este tipo de encuentros no son simples reuniones diplomáticas de rutina. Mientras el régimen castrista insiste en su narrativa propagandística, Washington discute la situación de Cuba al más alto nivel militar, lo que para muchos es una señal de que la crisis en la isla no solo es profunda, sino también una preocupación estratégica regional real.
La reunión refleja además cómo las relaciones entre Estados Unidos y Cuba están siendo reconfiguradas en medio de presiones diplomáticas, políticas y militares. No es solo una conversación bilateral, sino un análisis global del impacto de la crisis cubana en todo el hemisferio, desde la seguridad hasta las rutas migratorias y la influencia de actores externos en la región.
En este escenario, la Isla no es un actor aislado: su colapso interno repercute en agendas de seguridad regionales, y la presencia continua de Hammer y el interés del Comando Sur son reflejo de que el deterioro político y económico de Cuba ha subido de nivel en la agenda estadounidense.







