Cuba recibió el primer cargamento de Aspirina de 81 miligramos producido en China, un movimiento que el régimen presenta como un triunfo de la cooperación bilateral. La importación forma parte del Cuadro Básico de Medicamentos y es esencial para la prevención y tratamiento de enfermedades cardiovasculares, aunque para muchos cubanos el acceso a fármacos sigue siendo un lujo.
Según BioCubaFarma, la producción se logró mediante un acuerdo con la empresa Hubei C&C, en Wuhan, que incluyó transferencia de tecnología a los Laboratorios Medsol del CNIC, supervisada por el Cecmed. La descarga de los primeros lotes ya comenzó, y se prepara la distribución hacia hospitales y farmacias, con la promesa de cubrir toda la demanda nacional en 2026.
Pero la realidad diaria pinta un panorama muy distinto. La Isla sigue enfrentando una escasez crónica de medicamentos, donde muchas familias recurren al mercado informal, arriesgando dinero y salud por fármacos sin garantías de calidad ni fechas de caducidad. La producción nacional lleva años cayendo debido a falta de materias primas, infraestructura insuficiente y dificultades financieras, un problema que golpea fuerte a quienes dependen de tratamientos básicos.
Mientras tanto, la cooperación con China se convierte en un salvavidas del régimen. La llegada de la aspirina coincide con un nuevo paquete de ayuda aprobado por Xi Jinping, que incluye 80 millones de dólares en asistencia financiera y 60,000 toneladas de arroz. El anuncio fue transmitido directamente a Díaz-Canel durante un encuentro con el embajador Hua Xin en el Palacio de la Revolución.
Los fondos, según la versión oficial, se destinarán a equipamiento eléctrico y otras necesidades urgentes, en medio de un colapso del sistema electroenergético que sigue afectando a millones de familias cubanas. Mientras el gobierno habla de cooperación y solidaridad, la población sigue lidiando con apagones, escasez de medicinas y comida, recordando que la ayuda externa no sustituye décadas de ineficiencia y políticas fallidas.
En definitiva, la llegada de aspirina y arroz muestra la dependencia de Cuba de la asistencia extranjera, más que la capacidad del régimen de garantizar la seguridad sanitaria o alimentaria de su gente. Entre anuncios triunfalistas y la realidad cotidiana, la población cubana sigue pagando el precio más alto de una gestión estatal que prioriza el control del relato por encima de la vida de sus ciudadanos.







