El horror volvió a golpear a San Juan y Martínez, en Pinar del Río, donde una mujer fue asesinada de forma brutal, descuartizada y enterrada en un basurero, en uno de los crímenes más estremecedores registrados en lo que va de año. La víctima fue identificada como Yanicel Valdés, confirmaron fuentes locales citadas por la página Nio reportando un crimen y posteriormente verificadas por CubaNet.
En el barrio la conocían como “la rusa”. Su nombre salió a la luz gracias a las redes sociales, no por las autoridades. Fueron las publicaciones desesperadas de su hija, denunciando la desaparición días antes, las que permitieron atar los cabos entre una mujer buscada y un cuerpo sin vida hallado. Otra vez, la verdad llegó por Facebook, no por los canales oficiales.
De acuerdo con versiones preliminares recogidas entre vecinos, la principal sospecha recae sobre su pareja sentimental, señalado como presunto autor del crimen. El caso, sin embargo, se mueve entre rumores, filtraciones comunitarias y silencios oficiales, una combinación tristemente habitual en la Cuba actual.
De manera extraoficial, circula además una información aún más alarmante. El mismo sospechoso podría estar vinculado a otro homicidio ocurrido semanas atrás en el mismo municipio, donde perdió la vida un ciudadano cubanoamericano. Fuentes de la comunidad aseguran que el individuo habría sido detenido por ese caso previo y que incluso habría confesado su implicación en ambos crímenes, aunque hasta ahora ninguna autoridad ha confirmado ni desmentido oficialmente estos datos.
Ese segundo asesinato también estremeció a la zona. La víctima, identificada como Gerardo, era un cubanoamericano de la tercera edad que viajaba con frecuencia desde Estados Unidos para cobrar su pensión y permanecer temporadas en Cuba. Fue asaltado en su propia vivienda, amarrado junto a su esposa y golpeado con extrema violencia. Aún con vida, fue trasladado al policlínico local, donde terminó falleciendo. Un crimen atroz que tampoco tuvo una explicación pública clara.
Este nuevo feminicidio ocurre en un país donde la violencia contra las mujeres crece mientras el Estado mira hacia otro lado. En las primeras semanas de enero, el Observatorio de Género de Alas Tensas y el Observatorio Yo Sí Te Creo en Cuba confirmaron al menos dos feminicidios. Desde 2019, ambas plataformas han documentado más de 300 casos, pese a operar bajo persecución, sin acceso a datos oficiales y enfrentando la criminalización del activismo feminista.
En Cuba no existe una tipificación específica del feminicidio, no hay estadísticas públicas confiables, ni refugios, ni protocolos de protección efectivos. Lo que sí hay es miedo, impunidad y una narrativa oficial que minimiza o silencia los crímenes hasta que ya no puede esconderlos más.
Mientras el régimen insiste en vender una imagen de control y orden, los cuerpos siguen apareciendo enterrados como desechos, y las familias tienen que acudir a las redes sociales para buscar justicia. En la Cuba real, la violencia no es una excepción: es el síntoma de un Estado que hace rato dejó de proteger a los suyos.







