Anoche, mientras La Habana permanecía prácticamente apagada, había un lugar que brillaba con luz propia: la avenida 25, rumbo a la Casa de Nuestro “querido y amado” presidente Miguel Díaz-Canel.
La denuncia de Dailenis García Espinosa en Facebook retrata la realidad: desde La Lisa, barrios enteros estaban en penumbra, Barbosa, San Agustín, Marianao, Playa, mientras calles enteras se sumían en la oscuridad total. Sin embargo, a pocos metros de la sede del poder, luces encendidas por doquier, incluido el alumbrado público, contrastaban brutalmente con la situación que sufría el resto de la capital.

Lo que para muchos podría parecer un caso aislado tiene respaldo en datos oficiales. La Unión Eléctrica (UNE) informó este miércoles que el servicio eléctrico volvió a sufrir afectaciones durante todo el martes, producto de un déficit de generación que sigue en aumento. La nota estatal reconoce que la máxima afectación fue de 1,933 MW a las 6:30 p.m., superior a lo previsto por las salidas de las patanas de Melones y Regla.
Aunque Cuba ha instalado 38 parques solares fotovoltaicos, que produjeron 1,736 MWh con una potencia máxima de 328 MW al mediodía, no alcanzaron para cubrir la demanda nacional, dejando un sistema eléctrico a merced de apagones prolongados. Hasta las 6:00 a.m. de este miércoles, el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) tenía una disponibilidad de 1,195 MW frente a una demanda de 2,014 MW, generando una afectación de 819 MW, y para el horario pico se proyecta que la afectación llegue a 2,000 MW.
Las principales averías provienen de unidades clave como la CTE Mariel, CTE Carlos Manuel de Céspedes, Nuevitas, Felton y Antonio Maceo, mientras otras permanecen en mantenimiento. La Empresa Eléctrica de La Habana reportó que la capital sufrió apagones durante 17 horas con 14 minutos, con máxima afectación de 334 MW a las 2:30 p.m. y restablecimiento total apenas a las 10:34 p.m.
En este contexto, el contraste es cruel: mientras el pueblo sufre apagones históricos y cortes prolongados, el tramo de la ciudad donde se encuentra la residencia presidencial se mantiene iluminado, un reflejo simbólico de los privilegios de la cúpula frente a la miseria energética que viven millones.
Para García Espinosa, la situación no tiene matices: mientras el régimen habla de déficit, emergencias y falta de combustible, quienes aplauden las marchas y consignas políticas se enfrentan a calles oscuras, escasez de comida, agua y servicios básicos. La frase final de su denuncia resume la percepción generalizada: “Cada cuál tiene lo que se merece”, un recordatorio de que el poder goza de recursos y confort que para el cubano común son inaccesibles.
La crisis eléctrica no es un evento aislado, sino parte de un escenario más amplio de ineficiencia, centralización extrema y falta de planificación, donde la propaganda del régimen intenta disfrazar una realidad que golpea al ciudadano día tras día. Entre apagones históricos y privilegios concentrados, la doble moral del sistema cubano queda al descubierto, mientras la sociedad sigue pagando la factura más cara: vivir a oscuras y sin alternativas.







