Régimen extiende por tiempo ilimitado la importación libre de impuestos de medicinas y medicamentos

Redacción

El Ministerio de Finanzas y Precios volvió a estirar la cuerda y autorizó una nueva prórroga de la exención arancelaria para la importación no comercial de productos básicos. La novedad no es el alivio, sino el reconocimiento implícito del desastre: esta vez no hay fecha de vencimiento. La medida queda activa por tiempo indefinido, como quien admite que la normalidad no va a regresar.

El Gobierno mantiene así los beneficios que permiten entrar al país alimentos, medicamentos, productos de higiene y otros insumos esenciales sin pagar aranceles, siempre que no tengan carácter comercial. Traducido al cubano de a pie: si no fuera por lo que entra en maletas y paquetes, medio país estaría en cero absoluto.

La excepción que se volvió regla

A diferencia de prórrogas anteriores, el texto oficial admite que los beneficios se mantendrán “mientras persistan las condiciones” que los originaron. O sea, mientras siga la escasez estructural, la inflación desatada y el colapso del abastecimiento estatal. Si algún día deciden cambiar algo, prometen avisar con 30 días. Un gesto de cortesía administrativa en medio del naufragio.

Los pasajeros podrán seguir entrando alimentos, aseo, medicamentos e insumos médicos sin límite de valor y libres de impuestos, siempre que vayan separados del resto del equipaje. El detalle logístico importa, porque un bulto mal presentado puede convertir la ayuda familiar en multa.

En el equipaje no acompañado, se mantiene la exención hasta 500 dólares o 50 kilogramos. Nada nuevo, nada heroico: simplemente la admisión de que el Estado no puede garantizar lo básico.

Paquetes, envíos y la economía de la sobrevivencia

En los envíos desde el exterior sí hay un ajuste relevante. El límite general del valor en Aduana sube de 200 a 500 dólares. Se conserva la exención de los primeros 30 dólares o 3 kilos y, a partir de ahí, entra el sablazo del 30%. Al menos ahora el techo es un poco más alto, aunque el impuesto sigue siendo una mordida en un país donde casi todo depende del exterior.

Si el envío contiene solo alimentos, aseo, medicamentos o insumos médicos, se mantiene la entrada libre de impuestos hasta 200 dólares o 20 kilos. Es decir, la Aduana sigue siendo parte del equilibrio doméstico, decidiendo qué llega y cómo llega a la mesa.

Generadores, medicinas y la vida a oscuras

De manera excepcional, se autoriza también la importación no comercial de plantas eléctricas de más de 900 watts, con un gravamen del 30% solo sobre el excedente. En un país de apagones crónicos, esto no es un lujo: es una necesidad básica. Que haya que “autorizarla” dice mucho.

El Ministerio de Salud ratificó la entrada libre de impuestos de medicamentos en sus envases originales y de una lista amplia de insumos médicos, manteniendo suspendido el viejo límite de 10 kilos. Otra confesión tácita: el sistema de salud depende de lo que le manden desde afuera.

El alivio que no resuelve

La Aduana mantiene la tabla de valoración por peso y la exención inicial. Todo en regla, todo muy técnico. Pero el fondo no cambia. Esta prórroga no es una solución, es un parche institucionalizado. Una política que reconoce que el país no produce, no importa y no abastece lo suficiente.

Mientras tanto, las familias seguirán organizando su supervivencia a base de maletas, envíos y favores desde el exterior. El Estado, por su parte, administra la escasez y le pone sello oficial.

La exención indefinida no es una victoria. Es la prueba de que la crisis dejó de ser coyuntural y pasó a ser el modelo.

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