Régimen niega Estado de Guerra en Cuba y asegura que solo aprobaron «planes y medidas» para cuando se necesario invocarlo

Redacción

Mientras Cuba se hunde en apagones interminables, colas infinitas y una escasez que ya no distingue entre lo básico y lo vital, el régimen se esfuerza en apagar otro incendio: el de sus propias palabras. Esta vez, el fuego lo encendió el anuncio oficial de que el Consejo de Defensa Nacional había aprobado “los planes y medidas del paso al Estado de Guerra”. La frase, pesada y cuidadosamente calculada, provocó alarma dentro y fuera de la Isla. Y entonces vino el clásico paso atrás… pero sin admitirlo.

Voceros del oficialismo salieron en estampida a negar que Cuba se haya declarado en estado de guerra. Uno de los más visibles fue el periodista Lázaro Manuel Alonso, quien intentó bajar la temperatura asegurando que no hay tal declaración y que todo se trata, en esencia, de una revisión preventiva. Según su versión, se analizaron escenarios “en caso de que se decretase” el estado de guerra, como parte de un proceso rutinario que, dice él, no es nuevo.

El problema no es lo que ahora intentan explicar, sino lo que ya publicaron. El 18 de enero, Cubadebate y Granma informaron sin ambigüedades que el Consejo de Defensa Nacional analizó y aprobó los planes y medidas del paso al Estado de Guerra. No se habló de simulacros, ni de hipótesis académicas, ni de ejercicios teóricos. Se habló de aprobación. Punto.

Como suele ocurrir con la propaganda estatal, el lenguaje fue grandilocuente, militarista y deliberadamente opaco. “Guerra de todo el Pueblo”, “nivel de preparación”, “cohesión de los órganos de dirección”. Muchas palabras, cero detalles. No se explicó qué medidas concretas se aprobaron, qué cambia para la población, si habrá movilizaciones, restricciones adicionales o nuevas obligaciones para una ciudadanía ya exhausta.

La contradicción es evidente. Primero se lanza el titular alarmante, luego se culpa a la gente por “malinterpretar”. La técnica es vieja: decir sin decir, anunciar sin explicar y, cuando el mensaje provoca ruido, fingir sorpresa y corregir el tono sin rectificar el fondo.

Mientras tanto, perfiles anónimos afines al gobierno repiten el mismo guion, intentando instalar la idea de que todo es una exageración fabricada por “medios enemigos”. Pero los textos oficiales están ahí, publicados, firmados y archivados. No los escribió la prensa independiente ni los inventó nadie en redes sociales.

El remate tampoco sorprende. El comunicado oficial cerró aclarando que Raúl Castro “se mantuvo al tanto” de la reunión y la calificó como “buena y eficiente”. Una frase que no aporta información, pero sí deja claro quién sigue validando cada movimiento, incluso cuando el país se cae a pedazos y la palabra “guerra” se usa como comodín para justificarlo todo.

En un contexto de colapso energético, falta de combustible, apagones que superan los 1,900 megawatts y una población al límite, el régimen vuelve a recurrir a su libreto favorito: tensión, secretismo y retórica bélica. No porque Cuba esté en guerra, sino porque el poder necesita enemigos cuando ya no puede ofrecer soluciones.

Y si mañana vuelven a hablar de “preparación”, “defensa” o “estado de guerra”, no será por una amenaza externa. Será por el miedo interno a un país cansado de sobrevivir.

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