La tarde del 21 de enero de 2026 no fue una más en Santiago de Cuba. En una de las esquinas más movidas de la ciudad, la intersección de Calvario con Avenida Martí, un derrame de jabón líquido convirtió el asfalto en una verdadera pista de patinaje. Lo que parecía un incidente menor terminó movilizando al Cuerpo de Bomberos, que tuvo que actuar con rapidez para evitar accidentes en una zona por donde pasan carros, motos, bicicletas… y mucha gente a pie.
La información salió a la luz gracias a una publicación en Facebook de Aris Arias Batalla, vicepresidente provincial de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Cuba. En su mensaje destacó la respuesta inmediata y la profesionalidad de las fuerzas del Comando 1 “Martí”, que llegaron al lugar apenas se reportó el peligro. Nada de demoras eternas esta vez: el asunto había que resolverlo rápido porque la cosa pintaba fea.
Según explicó el especialista, todo comenzó cuando un camión estatal que transportaba tanques de jabón líquido frenó de golpe. El resultado fue el peor escenario posible: parte de la carga se desplazó, los recipientes cedieron y el jabón terminó regado por la calle. En cuestión de minutos, la vía quedó extremadamente resbaladiza, con un riesgo real de que cualquier vehículo perdiera el control o que algún peatón terminara en el piso.
Los bomberos no perdieron tiempo. Cerraron el área, limpiaron el pavimento y trabajaron para eliminar el peligro lo antes posible. Gracias a esa intervención rápida, el derrame no pasó a mayores y se evitó lo que en Cuba muchas veces termina mal: accidentes, lesionados y después la lamentadera. En esta ocasión, la eficiencia ganó la partida.
Un hecho que recuerda otro suceso en La Habana
Para muchos cubanos, este incidente en Santiago de Cuba trajo un déjà vu inmediato. En 2020, algo muy parecido ocurrió en La Habana Vieja, cuando un camión derramó detergente líquido cerca de la calle Obispo. Aquella vez, la escena fue bien distinta y quedó grabada en la memoria colectiva.
En lugar de bomberos y cintas de seguridad, lo que se vio fueron decenas de vecinos saliendo con cubos, pomos y jarros a recoger el detergente del suelo. Las imágenes dieron la vuelta a las redes sociales y se convirtieron en un símbolo crudo de la escasez de productos de limpieza en el país y de hasta dónde puede llegar la necesidad.
A diferencia de aquel episodio habanero, el derrame en Santiago fue controlado rápidamente por las autoridades. No hubo escenas de acaparamiento ni multitudes tratando de “resolver”. Todo se manejó con orden y sin incidentes mayores, lo cual muchos agradecieron.
Sin embargo, más allá de lo anecdótico, ambos casos dejan al descubierto problemas de fondo: las malas condiciones del transporte estatal, el manejo deficiente de productos químicos y lo vulnerable que es la vida cotidiana en Cuba ante cualquier imprevisto. Un simple derrame puede convertirse en un peligro serio o en un reflejo doloroso de la escasez.
Finalmente, el Cuerpo de Bomberos confirmó que la situación se resolvió sin heridos ni daños materiales y que la circulación quedó restablecida poco después. Esta vez fue solo jabón en la calle, pero el episodio vuelve a demostrar que en Cuba cualquier accidente, por pequeño que parezca, dice mucho más de lo que aparenta.







