Hay historias que en Cuba se repiten tanto que ya nadie se sorprende, pero aun así siguen indignando. Una de ellas volvió a escribirse esta semana con el tren Santiago de Cuba–La Habana, cuyos pasajeros quedaron varados durante horas en Camagüey, sin explicaciones, sin alternativas y en condiciones que rozan lo inhumano. La denuncia fue hecha pública por el periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada, quien expuso en redes sociales lo que muchos viven y pocos resuelven.
Según explicó Mayeta, el viaje ya comenzó mal desde el inicio. El tren debía salir el martes 22 de enero de 2026 a las 3:00 de la tarde desde Santiago de Cuba, pero no arrancó hasta pasadas las 6:00 p.m. Tres horas de atraso que, en el contexto cubano, ya parecen parte del “horario normal”. Sin embargo, lo peor estaba por venir.
De acuerdo con la publicación, a las 3:45 de la madrugada del día siguiente el tren continuaba detenido en la ciudad de Camagüey. No era una parada técnica breve ni un ajuste menor: el tren simplemente no avanzaba. Con el amanecer llegó el cansancio, la desesperación y, sobre todo, el silencio absoluto de las autoridades ferroviarias.
“Desde las 3:45 de la madrugada, el tren permanece detenido en Camagüey, y ya entrada la mañana nadie ha dado información, detalles ni alternativas a las personas a bordo”, escribió Mayeta. En su denuncia también dejó claro que entre los pasajeros había niños, ancianos y familias completas, todos obligados a esperar sin saber qué estaba pasando ni cuánto más duraría la pesadilla.
El periodista calificó la situación como indignante, y no exageró. Dentro de los vagones, según relató, los baños estaban en condiciones “asquerosas” e inutilizables, generando malestar general y un riesgo sanitario evidente. Pasajeros agotados, sin condiciones mínimas de higiene y sin una sola explicación oficial. Un combo que en cualquier otro país sería motivo de escándalo nacional.
Ante la falta total de información, algunos viajeros tomaron la única decisión posible: bajarse del tren y buscar por su cuenta cómo llegar a La Habana. Resolver como se pueda, pagar de más, improvisar, cargar con niños y equipajes. El “sálvese quien pueda” convertido en política no escrita.
Para Mayeta, lo ocurrido va mucho más allá de un simple retraso. “Esto no es un incidente. Es abandono, es desprecio, es la normalización del maltrato al pueblo”, sentenció. Y sus palabras resonaron fuerte entre quienes han vivido situaciones similares.
Las imágenes compartidas en Facebook muestran a pasajeros tirados en los bancos del andén de Camagüey, otros apoyados sobre sus maletas, esperando sin energía y sin respuestas, mientras el tren seguía detenido. Escenas que parecen sacadas de otro siglo, pero que forman parte del presente cubano.
En los comentarios, decenas de usuarios confirmaron que no se trata de un caso aislado. Muchos dijeron que el tren “siempre se rompe en Camagüey”, como si fuera una parada obligatoria del desastre. Otros resumieron la experiencia con una frase demoledora: “Viajar en tren en Cuba es una prueba de resistencia”.
Hasta ahora, ni el Ministerio de Transporte ni la Unión de Ferrocarriles de Cuba han dado explicaciones. El silencio, una vez más, parece ser la única respuesta oficial ante una realidad conocida, repetida, denunciada… y jamás resuelta.







