La capital cubana vivió este jueves una jornada que resume el cansancio acumulado de los últimos meses: apagones prolongados, falta de alimentos y una sensación general de agotamiento social, según testimonios recogidos por 14ymedio.
Diana, estudiante de segundo año de Veterinaria, contó cómo pasó el día sin poder alimentarse. En su casa ya no queda gas y debe cuidar de sus dos abuelos ancianos, lo que hace que cada tarea diaria sea un desafío. “Llegué a un examen con hambre”, confesó, mientras los precios del pan se disparan y los recursos escasean. Su historia refleja el agotamiento físico y emocional que muchos jóvenes sienten ante una situación que parece no tener solución.
Irma, promotora de anuncios en redes sociales, vivió el impacto de los cortes de electricidad de otra forma. La falta de corriente no solo interrumpe su trabajo, sino que obliga a reorganizar la vida doméstica: tender ropa de noche, cocinar rápido y preparar el uniforme escolar de su hijo en el breve lapso de luz disponible. Su hermana, costurera, casi no puede trabajar, recibiendo apenas una hora de electricidad al día, un golpe directo a su sustento.
En barrios como Guanabacoa, la gente empieza a resignarse: se saltan comidas, reducen el aseo personal y golpean calderos como forma de protesta. El ruido metálico se volvió otra señal de descontento en medio del calor y la falta de sueño, mientras el cansancio colectivo sigue aumentando.
La situación eléctrica es crítica. En Marianao, el servicio se cortó desde la tarde hasta pasada la medianoche; en Arroyo Naranjo, zonas como La Güinera estuvieron hasta 13 horas sin luz. En La Lisa, los golpes de caldero se escucharon justo cuando la electricidad regresó, confirmando la tensión creciente, según el periodista Mario Pentón.
A esta crisis se suma la escasez de combustible. El sistema Ticket dejó de actualizar información sobre las gasolineras en el este de la ciudad desde el 10 de enero, mientras que en el oeste solo cinco de catorce estaciones permanecen abiertas. En el mercado informal, los precios se disparan: en Holguín la gasolina llega a 1.200 pesos por litro, y en Sancti Spíritus los costos son algo menores, pero igualmente inalcanzables para muchos.
El panorama empeora con el reciente cambio de rumbo del petrolero Mia Grace, que debía traer diésel o fueloil a la isla y ahora se dirige a República Dominicana. Según el experto Jorge Piñón, esto incrementa la incertidumbre sobre el suministro energético inmediato, dejando a La Habana aún más vulnerable.
Mientras tanto, la ciudad sobrevive entre velas, apagones y resignación, con una población cada vez más exhausta y sin señales claras de alivio en el horizonte. La rutina diaria se ha convertido en un ejercicio de resistencia frente a la crisis energética que sigue golpeando la vida de millones de cubanos.







