Régimen despliega policías para organizar las colas de los ancianos en los bancos y evitar a los «coleros»

Redacción

Cienfuegos amaneció con más policías que cajeros funcionando. En los últimos días, el régimen desplegó agentes del orden para organizar las colas de pensionados frente a los bancos, una escena que intenta venderse como “sensibilidad social”, pero que en realidad es la consecuencia directa de una gestión económica desastrosa que ha llevado a los ancianos al límite de la humillación.

Según el perfil oficialista “Las Cosas de Fernanda”, vocero habitual del discurso del poder en redes sociales, el refuerzo policial busca “proteger y asistir” a los adultos mayores que pasan horas —y madrugadas enteras— esperando para cobrar una pensión que apenas alcanza para sobrevivir. La narrativa es clara: el Estado como salvador, otra vez posando para la foto.

Pero detrás de esas imágenes cuidadosamente seleccionadas, la realidad es mucho más cruda. Los pensionados llevan años denunciando cajeros sin efectivo, bancos colapsados, falta de personal y apagones que paralizan cualquier operación. Las colas no son una novedad, son rutina. Una rutina impuesta por un sistema que prometió seguridad y terminó ofreciendo espera, cansancio y desprecio.

La presencia policial no surge por altruismo, sino por el caos. En medio del desorden proliferan los llamados “coleros”, personas que negocian turnos o retiran efectivo para negocios privados que operan con múltiples tarjetas. El régimen, fiel a su libreto, prefiere criminalizar el síntoma antes que reconocer la enfermedad.

En ese discurso conveniente, las Mipymes vuelven a ser el chivo expiatorio. Se les acusa de vaciar los bancos, sin admitir que el uso intensivo de efectivo nace de la propia escasez de liquidez, de los límites bancarios absurdos y de un sistema financiero roto. No es abuso: es supervivencia en un país sin reglas claras ni dinero circulando.

Así, el operativo policial busca proyectar orden y preocupación, cuando en realidad evidencia improvisación y fracaso. Si hay que poner agentes a organizar colas de jubilados, es porque el sistema ya colapsó. No hay planificación, no hay previsión y no hay respeto por quienes trabajaron toda su vida creyendo en un proyecto que hoy los obliga a madrugar a las cuatro de la mañana para ver si hay suerte.

Más allá de la propaganda, lo que ocurre en Cienfuegos es otro retrato del deterioro cotidiano en Cuba. Un país donde los ancianos necesitan custodia policial para cobrar su pensión no está avanzando, está retrocediendo.

Incluso el propio vocero oficialista terminó admitiéndolo, aunque sin señalar culpables. “Cuando los ancianos deben elegir entre madrugar o no dormir, algo ha fallado”, reconoció. Y sí, algo falló… pero no fue el pueblo, ni los jubilados, ni el azar. Fue un modelo que se quedó sin dinero, sin respuestas y sin vergüenza.

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