Mientras millones de cubanos pasan noches enteras sin luz, cocinan con leña improvisada y ven cómo el refrigerador se convierte en un mueble inútil, el régimen habría estado haciendo caja con el petróleo subsidiado que recibía de Venezuela. Así lo reveló un alto funcionario del gobierno de Estados Unidos, en declaraciones que destapan uno de los escándalos energéticos más graves de los últimos años.
La denuncia fue publicada por El Nuevo Herald, basada en un análisis interno del gobierno estadounidense que hasta ahora no había salido a la luz. Los datos son demoledores. Entre finales de 2024 y finales de 2025, Cuba habría recibido unos 70.000 barriles diarios de crudo y derivados venezolanos, pero cerca de 40.000 barriles al día —alrededor del 60 %— fueron reenviados a Asia para su reventa.
En otras palabras, el combustible que debía alumbrar casas terminó financiando al poder.
Un funcionario del Departamento de Estado fue directo al cuello. La reventa del petróleo, dijo, es “otra prueba de que el régimen cubano ilegítimo solo se preocupa por su propio enriquecimiento”, mientras la población paga el precio con apagones, escasez y una economía en ruinas.
El mismo funcionario lanzó una pregunta incómoda, pero necesaria. ¿Por qué el régimen oculta miles de millones en cuentas en el extranjero en vez de invertir en electricidad, infraestructura o servicios básicos? La respuesta parece obvia para cualquiera que haya pasado una noche más sin corriente.
Desde hace años, analistas advertían que no todo el petróleo venezolano llegaba a las termoeléctricas cubanas. En diciembre pasado, fuerzas estadounidenses incautaron frente a las costas de Venezuela un petrolero de la llamada “flota oscura”, que había transferido parte de su carga a un buque con destino a Cuba antes de seguir rumbo a Asia, presumiblemente a China. Aquello ya olía mal. Lo que ahora se conoce, huele peor.
Hasta ahora, agencias como Reuters estimaban que los envíos desde Venezuela rondaban entre 27.000 y 30.000 barriles diarios, suficientes para aliviar buena parte del déficit energético de la isla. El nuevo análisis estadounidense indica que el volumen real era mucho mayor y que una porción significativa nunca pisó suelo cubano.
Este escándalo sale a la luz en el peor momento posible. Tras la captura de Nicolás Maduro a inicios de enero y el colapso de la alianza energética entre Caracas y La Habana, Cuba quedó prácticamente sin su principal sostén petrolero. El castillo de naipes se vino abajo.
Para colmo, varios buques que transportaban combustible hacia la isla han comenzado a desviarse en plena travesía, como ocurrió recientemente con el petrolero Mia Grace, que cambió su destino hacia República Dominicana. Al mismo tiempo, el crudo venezolano vuelve a fluir hacia Estados Unidos, mientras Cuba queda fuera del nuevo reacomodo energético regional.
El resultado es brutal y cotidiano. Un país a oscuras, un pueblo sin explicaciones y una élite que, según estas revelaciones, prefirió vender el petróleo antes que encender los bombillos. No fue falta de combustible. Fue falta de vergüenza.







