Cuatro ciudadanos cubanos murieron en la madrugada de este martes tras un incendio devastador en un hostal ilegal que operaba dentro de una vivienda en Balashija, una ciudad de la región de Moscú. La tragedia, ocurrida en pleno invierno ruso, ha dejado a varias familias en Cuba sumidas en la angustia, la desinformación y el silencio oficial, una combinación tristemente habitual cuando los cubanos mueren lejos de casa.
El incendio se desató alrededor de las 4:40 de la mañana en un inmueble de tres plantas ubicado en el barrio de Zvorkino, a unos 15 kilómetros al este de Moscú. Durante las labores de extinción, los equipos de emergencia encontraron los cuerpos sin vida de dos hombres y dos mujeres, todos de nacionalidad cubana, según confirmaron investigadores citados por la agencia EFE.
Además de las víctimas mortales, otras seis personas resultaron heridas, entre ellas un menor de 15 años que tuvo que ser hospitalizado tras sufrir una presunta intoxicación por monóxido de carbono. El fuego afectó unos 35 metros cuadrados del edificio y fue controlado tras cerca de una hora de intenso trabajo de los bomberos.
Las primeras investigaciones apuntan a una causa tan evitable como dramática. Los residentes habrían encendido llamas para calentarse, luego de que el suministro eléctrico fuera cortado por deudas impagas. Sin calefacción y en medio de temperaturas extremas, el intento desesperado por combatir el frío terminó en tragedia.
Las autoridades rusas confirmaron que el albergue funcionaba de manera ilegal. No estaba registrado oficialmente y los inquilinos no contaban con contratos de arrendamiento. El propietario del inmueble, según fuentes oficiales, reside en Londres, muy lejos del infierno que se vivía dentro de su propiedad.
Mientras en Rusia avanza una investigación penal para determinar responsabilidades y esclarecer cómo llegaron las víctimas a ese lugar, en Cuba el dolor se vive sin respuestas ni apoyo institucional. El comunicador independiente Yosmany Mayeta Labrada informó que al menos tres de los fallecidos eran naturales de Ciego de Ávila: Yadisley de Arma Aguilera, Aris Gonzales y Liaro Arpajón Otaño. La identidad de una cuarta persona aún no ha sido confirmada oficialmente.
La falta de información clara ha prolongado la tortura emocional de las familias. “Estoy destrozada, sin fuerzas, como loca. Solo le pido a Dios que sea mentira”, expresó desde Cuba Idania Otaño, madre de uno de los jóvenes vinculados al caso, en declaraciones recogidas por Mayeta Labrada.
Hasta ahora, no existe confirmación documental completa sobre todas las identidades, ni una comunicación directa por parte de las autoridades cubanas a los familiares. Otra vez, el abandono. Otra vez, el silencio.
Esta tragedia no es un hecho aislado. Es parte del costo humano del éxodo cubano, de una migración forzada por la miseria, la falta de futuro y la desesperación que empuja a miles a aceptar condiciones extremas en países lejanos. Cubanos viviendo hacinados, sin contratos, sin protección y sin calefacción, mientras el régimen sigue vendiendo discursos de dignidad desde La Habana.
Cuatro vidas se apagaron en una madrugada helada de Rusia, pero la responsabilidad no termina en el fuego. Empieza mucho antes, en un país que expulsa a su gente y luego mira hacia otro lado cuando la tragedia los alcanza.







