La famosa Marcha de las Antorchas volvió a encender las redes, pero no precisamente por patriotismo. Esta vez, el detonante fue un mensaje publicado por Miguel Díaz-Canel tras el desfile del 27 de enero en La Habana. Mientras el gobernante hablaba de “antorchas del Centenario de Martí y del Centenario de Fidel” como símbolos de luz, calor y justicia, miles de cubanos no tardaron en señalar lo evidente: en un país lleno de apagones, hablar de luz suena casi a chiste de mal gusto.
La publicación se llenó rápidamente de comentarios que pusieron el dedo en la llaga. Para muchos, la marcha no fue más que una postal desconectada de la realidad diaria. “Las antorchas son porque no hay corriente”, soltó un usuario sin pelos en la lengua. Otro remató con ironía pura: “Primera vez que dura tanto la luz en Cuba”. También hubo quien expresó incredulidad ante la supuesta espontaneidad del evento, recordando que en Cuba el miedo muchas veces pesa más que el hambre.
El ambiente general en los comentarios fue una mezcla de burla, cansancio e indignación acumulada. “Al menos llegaron a la casa con luz esa noche”, comentó alguien con sarcasmo. Otros cuestionaron directamente el despilfarro de recursos en medio de la crisis energética: “¿Con qué combustible prendieron esas antorchas?”, preguntaban, mientras el país entero sufre apagones interminables.
Muchos usuarios coincidieron en que la participación no fue voluntaria. Las historias se repetían: gente obligada a marchar para no perder el trabajo, estudiantes presionados para no ser expulsados, listas pasadas como en los peores tiempos. Entre los comentarios más duros se leían frases cargadas de frustración: que si es una burla total, que si un pueblo sin opciones es fácil de manipular, que si no hay comida, ni agua, ni luz… pero igual hay marcha.
Como era de esperar, no faltó el pequeño grupo que salió a defender el discurso oficial, repitiendo consignas, etiquetas y frases de manual. Hablaron de continuidad, de revolución y de homenaje, pero sus voces quedaron sepultadas bajo una avalancha de comentarios que reflejaban hastío y decepción con la situación del país.
El debate no se quedó solo en el perfil del mandatario. En medios digitales como CiberCuba, donde se compartieron imágenes y videos del evento, la conversación siguió igual de caliente. El título lo decía todo: una marcha con fuego en un país a oscuras. Y los comentarios mantuvieron el mismo tono de sarcasmo y frustración.
Otra vez aparecieron las denuncias de obligatoriedad, el miedo a las represalias y la sensación de estar participando en algo impuesto. Pero también surgió el humor como mecanismo de defensa. Algunos bromeaban con guardar antorchas para los próximos apagones, otros decían que al menos por una noche las calles estuvieron iluminadas.
Entre risas amargas y resignación, se colaron reflexiones más duras: que ya no queda vergüenza, que así no se va a ningún lado, que da pena ajena. Frases como “Pan y circo, pero sin pan” o “Si Martí viera esto, se moriría otra vez” se repitieron una y otra vez, dejando claro el nivel de desconexión entre la propaganda y la calle.
Al final, la Marcha de las Antorchas terminó convirtiéndose en un símbolo involuntario del momento que vive Cuba: un país que camina con fuego en la mano mientras sigue sumido en la oscuridad, la escasez y un cansancio que ya no se disimula ni con consignas ni con desfiles.







