El Aeropuerto Internacional de Santiago de Cuba recibió este miércoles el tercer vuelo de ayuda humanitaria procedente de Estados Unidos, una escena que ya empieza a repetirse mientras el Estado cubano continúa sin ofrecer respuestas reales a los damnificados del huracán Melissa.
En esta ocasión, la carga llegó acompañada por representantes de la arquidiócesis de Miami, entre ellos el padre Joaquín Espino, rector de la Ermita de la Caridad, y la religiosa Eva Puelles, de las Hijas de la Caridad, reforzando un esfuerzo solidario que contrasta con la inercia gubernamental dentro del país.
De acuerdo con Cáritas Cuba, el avión transportó 648 kits de alimentos y 510 kits de higiene, donados por ciudadanos estadounidenses y destinados a familias afectadas en la Comunidad de San José, en Santiago de Cuba, una de las zonas golpeadas por el paso del ciclón.
La distribución no será inmediata ni improvisada. Los donativos se entregarán de forma gradual por equipos parroquiales y voluntarios de Cáritas Cuba, con el acompañamiento de Catholic Relief Services, y únicamente a personas previamente identificadas según su nivel de vulnerabilidad.
El programa prioriza a sectores históricamente abandonados por el Estado: madres solteras, adultos mayores, personas con discapacidad y ciudadanos con movilidad reducida, quienes llevan meses esperando una ayuda que nunca llegó desde las instituciones oficiales.
Cáritas explicó que este proceso responde a protocolos humanitarios internacionales y a su política de salvaguarda, insistiendo en que se trata de un mecanismo para garantizar que la solidaridad se traduzca en alivio real y no en propaganda, algo que el régimen cubano suele manipular a conveniencia.
La asistencia a los damnificados por el huracán Melissa comenzó el pasado 14 de enero, cuando un primer vuelo humanitario aterrizó en el aeropuerto de Holguín. Aquel envío incluyó 528 kits de alimentos y 660 kits de higiene, con insumos básicos para el tratamiento de agua potable, en un contexto donde el acceso al agua segura sigue siendo un lujo.
Ese primer cargamento fue distribuido gratuitamente en comunidades de Cacocum y zonas aledañas, duramente afectadas por el meteoro, gracias a la labor directa de parroquias locales y organizaciones vinculadas a la Iglesia Católica, no por estructuras estatales.
Dos días después, el 16 de enero, un segundo avión con ayuda estadounidense llegó nuevamente a Santiago de Cuba, con suministros destinados a miles de familias del oriente del país. Cáritas informó entonces que el envío incluía alimentos no perecederos y kits de higiene para comunidades de Bayamo-Manzanillo, Holguín-Las Tunas, Santiago de Cuba y Guantánamo-Baracoa, las provincias más castigadas por el ciclón.
En paralelo, el Gobierno de Estados Unidos anunció en noviembre la asignación de 3 millones de dólares en asistencia humanitaria para apoyar a los cubanos afectados por el huracán Melissa, una cifra que vuelve a poner en evidencia una verdad incómoda para La Habana.
Mientras el régimen insiste en discursos de soberanía y resistencia, la ayuda concreta llega desde el exterior, organizada por iglesias, organizaciones humanitarias y ciudadanos comunes. En el terreno, los cubanos damnificados saben perfectamente quién estuvo presente cuando más lo necesitaban… y quién brilló por su ausencia.







