La realidad energética en Cuba está más cerca de una tragedia que de una crisis pasajera. Según datos frescos de la consultora Kpler, replicados por medios internacionales, las reservas de petróleo en la isla apenas alcanzan para entre 15 y 20 días al ritmo actual de consumo. Eso es prácticamente poco más que un suspiro para una economía que ya cojea desde hace años.
La cifra que lo explica todo: en 2026 Cuba solo ha recibido 84 900 barriles de crudo, producto de una única entrega desde México el 9 de enero, muy por debajo de los casi 37 000 barriles diarios que recibía de sus proveedores en 2025. Todo esto ocurre en un momento en que la isla necesita mucho más para sostener su red eléctrica, el transporte y los servicios básicos.
El detonante inmediato de este colapso energético es bien claro. Las entregas venezolanas, que durante décadas fueron la columna vertebral del suministro petrolero cubano, se han detenido por completo tras la captura de Nicolás Maduro y el endurecimiento de la presión de Estados Unidos sobre Caracas.
A ese golpe se le sumó la interrupción —o al menos la fuerte reducción— de los envíos mexicanos. Pemex, la petrolera estatal de México, canceló un embarque esperado para este mes, y aunque la presidenta Claudia Sheinbaum lo definió en términos diplomáticos como una “decisión soberana”, la ausencia de datos claros alimenta la percepción de que la presión de Washington está obrando la jugada.
La política estadounidense, con Donald Trump arreciando la presión para cortar todo flujo de petróleo hacia la isla, ha convertido lo que ya era un problema estructural en una amenaza inmediata de apagón generalizado y caos económico total. En privado, expertos advierten que si los suministros no se reanudan pronto, Cuba podría enfrentarse a recortes de energía más severos y prolongados que los que ya se viven día tras día.
El problema va más allá de una escasez técnica: está desnudo ante los ojos del mundo que la economía cubana depende de apoyos externos que ya no existen o se han reducido drásticamente. Cuando una nación no puede garantizar ni la electricidad ni el combustible mínimo para moverse, la señal es clara: la crisis económica y social se ha profundizado hasta límites peligrosos.
Mientras tanto, la narrativa oficial sigue la misma cantaleta de siempre: discursos vacíos sobre perseverancia, resistencia y supuesta soberanía energética que no se traducen en ninguna solución real para la gente que ya está sufriendo apagones diarios y largas colas por gasolina. Pero lo que no pueden tapar con palabrería es que el reloj está corriendo en contra del régimen y que sin crudo, Cuba se enfrenta al espectro de un apagón total y un descalabro social sin precedentes.







