La Unión Eléctrica de Cuba volvió a anunciar lo que ya se ha convertido en una rutina peligrosa. Este jueves, a las 12:12 del mediodía, la central termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas, salió del sistema eléctrico nacional para una supuesta parada de mantenimiento preventivo.
Según informó la propia empresa estatal en Facebook, la desconexión tendrá una duración estimada de 96 horas, período en el que se realizarán trabajos programados en la unidad generadora. Un lenguaje técnico que intenta suavizar una realidad incómoda: la planta más importante del país no logra sostenerse en funcionamiento estable.
La Antonio Guiteras, considerada el principal bastión de la generación térmica en Cuba y el bloque unitario de mayor potencia, arrastra un historial interminable de averías, salidas imprevistas y reparaciones fallidas. Su fragilidad ha sido clave en el deterioro progresivo de un sistema eléctrico nacional que ya está en terapia intensiva.
Desde la UNE se intentó vender la parada como “oportuna”, aprovechando el descenso de las temperaturas en el occidente y el centro del país, lo que reduce ligeramente la demanda energética. Una justificación que suena más a consuelo que a estrategia, mientras millones de cubanos siguen organizando su vida alrededor de los apagones.
Aunque oficialmente se habla de mantenimiento planificado, esta salida ocurre en medio de una crisis energética profunda, marcada por la falta de combustible, el abandono técnico de las termoeléctricas y años de mala gestión estatal. El régimen sigue parchando un sistema que ya no da más, mientras evita reconocer su responsabilidad directa en el desastre.
En los últimos días, ciudadanos de distintas provincias han denunciado cortes eléctricos que superan las 40 horas consecutivas, una situación que desmiente cualquier discurso de control o estabilidad. La realidad en la calle va por un carril muy distinto al de los comunicados oficiales.
Con una capacidad cercana a los 250 megavatios, la Guiteras es una pieza clave para sostener la generación eléctrica en Cuba. Cada hora fuera de servicio se traduce en más apagones, más caos y más desgaste social, especialmente en un país donde la electricidad es ya un lujo intermitente.
Cualquier interrupción prolongada en su funcionamiento golpea de lleno la estabilidad del sistema y deja al descubierto lo evidente: el modelo energético del régimen está agotado, y lo que hoy llaman mantenimiento preventivo no es más que otro capítulo del colapso anunciado.
Si quieres, puedo endurecer aún más el enfoque político, vinculando esta salida con la escasez de petróleo, las sanciones y la incapacidad estructural del régimen para sostener servicios básicos.







