Administración Trump anuncia nuevos envíos de ayuda humanitaria llegarán al oriente de Cuba para damnificados del huracán Melissa

Redacción

Estados Unidos confirmó que nuevos envíos de ayuda humanitaria llegarán al oriente de Cuba, una región golpeada duramente por el huracán Melissa y abandonada, una vez más, por la incapacidad del régimen para responder a una emergencia de esta magnitud.

El jefe de Misión de la Embajada estadounidense en La Habana, Mike Hammer, sostuvo encuentros con el cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez y con monseñor Arturo González Amador, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, para evaluar cómo avanza la distribución de la asistencia enviada desde Washington.

Según informó la propia embajada en sus canales oficiales, la ayuda está siendo distribuida a través de Cáritas Cuba, una organización vinculada a la Iglesia Católica que ha asumido un rol clave ante el colapso del Estado cubano. Alimentos, medicinas y artículos básicos están llegando directamente a familias damnificadas, sin pasar por el filtro gubernamental.

Desde la sede diplomática estadounidense dejaron claro que el respaldo podría ampliarse. Si la ayuda continúa llegando a quienes realmente la necesitan, la Administración Trump está dispuesta a enviar más cargamentos, reconociendo las enormes carencias que enfrenta hoy la población cubana.

Este viernes, el aeropuerto internacional Frank País García, en Holguín, recibió un cuarto envío de asistencia humanitaria procedente de Estados Unidos, una señal concreta de apoyo al cubano de a pie en medio del desastre.

El huracán Melissa dejó un panorama devastador en varias provincias orientales. Miles de personas perdieron viviendas, pertenencias y cultivos, mientras el régimen, como de costumbre, reaccionó tarde y mal, atrapado en su burocracia y en la falta crónica de recursos.

La llegada y distribución de la ayuda internacional no ha estado exenta de obstáculos. La crisis estructural del país y las restricciones impuestas por el propio régimen a organizaciones independientes han ralentizado los esfuerzos humanitarios, obligando a canalizar la asistencia a través de la Iglesia como única vía relativamente confiable.

Esta coordinación entre Estados Unidos y la Iglesia Católica apunta precisamente a eso: evitar intermediarios gubernamentales y garantizar que la ayuda llegue sin desvíos ni propaganda política. En una Cuba marcada por la escasez, el deterioro social y la desconfianza absoluta en las instituciones oficiales, el gesto deja en evidencia quién extiende la mano y quién sigue poniendo trabas.

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