Díaz-Canel se arratona y baja el tono… ahora quiere un diálogo con Trump «pero no puede ser bajo presiones»

Redacción

El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel rompió el silencio este viernes con un mensaje que sorprendió incluso dentro del propio oficialismo. Tras varios días de ataques furibundos contra Washington, el discurso dio un giro inesperado: ahora habla de diálogo.

Desde la cuenta oficial de la Presidencia en X, el mandatario —colocado en el poder por Raúl Castro— aseguró que Cuba “tiene disposición para dialogar con el gobierno de Estados Unidos”, aunque aclaró que ese diálogo “no puede ser bajo presiones”. Una frase que, en el lenguaje del régimen, suele significar queremos hablar, pero sin cambiar nada.

“Somos un país de paz”, escribió Díaz-Canel, repitiendo un libreto gastado. Acto seguido, volvió al estribillo de siempre: bloqueo, agresión, cerco al combustible y resistencia frente al “imperio”. Todo envuelto en épica revolucionaria, aunque el país esté a oscuras y sin gasolina.

El contraste es evidente. Apenas una semana atrás, el propio Díaz-Canel calificaba a la administración de Donald Trump como “fascista, criminal y genocida” tras la orden ejecutiva que apunta a cortar el suministro de petróleo a la isla. Hoy, sin embargo, el tono bajó varios decibeles.

El mensaje fue lanzado en medio de un Pleno Extraordinario del Partido Comunista en La Habana, donde el gobernante volvió a sacar la artillería verbal: habló de agresividad imperial, comparó a Trump con Hitler y juró que Cuba no se rendirá. Pero fuera del salón partidista, el discurso cambió.

Fuentes diplomáticas citadas por CiberCuba interpretan el gesto como una señal de auxilio político ante la presión internacional y el colapso energético que asfixia al país. Con los apagones disparados y el combustible racionado, la épica ya no alcanza para sostener el relato.

“Es el libreto venezolano”, resumió un observador extranjero. Mucha bravata en público, negociaciones discretas por detrás. Resistir para la cámara, pedir oxígeno fuera del foco.

El viraje ocurre en un momento delicado. Estados Unidos aprieta el cerco energético y varios gobiernos de la región advierten sobre el deterioro acelerado de la situación en la isla. Mientras tanto, la propaganda oficial insiste en culpar exclusivamente a las sanciones, borrando de un plumazo la mala gestión, la corrupción y décadas de decisiones fallidas.

Aunque Díaz-Canel intente maquillarlo con palabras como soberanía y resistencia, el mensaje deja algo claro: el régimen está buscando aire. Y lo hace porque sabe que el aislamiento, la falta de combustible y el desgaste social están empujando a Cuba cada vez más cerca del colapso.

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