Las colas para comprar combustible en dólares volvieron a dispararse este viernes en La Habana y varias provincias del país, confirmando lo que el régimen intenta maquillar: la crisis energética sigue fuera de control, por más desmentidos oficiales que se lancen desde oficinas climatizadas.
A pesar de que CUPET salió recientemente a negar rumores sobre una supuesta suspensión del suministro, las imágenes que circulan en redes sociales cuentan otra historia. Filas interminables de autos, horas perdidas bajo el sol y rostros cansados se repiten frente a los servicentros, sobre todo en la capital.
Videos compartidos por conductores muestran la misma escena de siempre: motores apagados, gente resignada y un sistema que no da más. En provincias orientales como Holguín, la situación no es mejor. Allí, según reportes recientes, la espera puede extenderse durante medio día o más, sin ninguna garantía de que el combustible alcance para todos.
El aumento visible de las colas ocurre en medio de problemas persistentes de distribución y un silencio oficial absoluto sobre las reservas reales de gasolina. Mientras CUPET insiste en que todo marcha “con normalidad”, choferes y transportistas denuncian escasez incluso en los puntos de venta en divisas, donde el litro se paga en dólares o euros, inaccesibles para la mayoría de los cubanos.
La contradicción es evidente. Si no hay crisis, ¿por qué las colas crecen? Si el abastecimiento está garantizado, ¿por qué reaparece la reventa informal a precios cada vez más abusivos? La respuesta está en la calle, no en los comunicados oficiales.
En redes sociales, el desmentido de CUPET ha sido recibido con burla e indignación. Muchos usuarios coinciden en que el gobierno niega una realidad que ya nadie puede ocultar, mientras la población pierde tiempo, dinero y paciencia intentando mover un país paralizado por su propia incompetencia.
Una vez más, el régimen prefiere negar el problema antes que asumir responsabilidades. Pero en Cuba, como suele pasar, la gasolina puede faltar, pero las colas nunca mienten.







