Obispos cubanos envían mensaje al pueblo y augurán «riesgo de un caos social y de violencia entre los hijos de un mismo pueblo»

Redacción

Los obispos cubanos emitieron un mensaje claro este 31 de enero, dirigido a todos los cubanos de buena voluntad. En su comunicado, vuelven a tocar lo que durante décadas ha sido constante en su voz: la vida del pueblo cubano está en crisis y exige cambios profundos.

Recordaron el mensaje que enviaron el pasado 15 de junio, en el marco del Año Jubilar, cuando subrayaron que la realidad del país “pide no quedarse solo en análisis ni en la descripción de los problemas”. La Iglesia insistió en que los cubanos, y sobre todo quienes toman decisiones importantes, deben abrir caminos para implementar cambios estructurales, sociales, económicos y políticos que permitan devolver la esperanza a la nación.

Lamentablemente, dicen los obispos, la situación no solo no ha mejorado, sino que ha empeorado. La eliminación de cualquier posibilidad de que entre petróleo al país dispara alarmas y aumenta la angustia de los más vulnerables. “El riesgo de caos social y violencia entre compatriotas es real”, advierten, dejando claro que cualquier deterioro de las condiciones de vida repercute primero en los pobres, los niños, los ancianos y los enfermos.

Los obispos recuerdan también las palabras de San Juan Pablo II: el pueblo cubano no puede quedarse aislado del mundo, porque el aislamiento agrava las dificultades de los más débiles en alimentación, salud y educación. La Iglesia celebra gestos de solidaridad, como los que llegaron tras el paso del huracán Melissa, pero subraya que Cuba necesita cambios, no más sufrimiento ni sangre.

El mensaje recalca que los conflictos y problemas deben resolverse mediante el diálogo y la diplomacia, no con coerción ni violencia. El respeto a la dignidad y libertad de cada cubano no puede depender de conflictos externos, y la Iglesia insiste en que un país con pluralidad y respeto interno tiene más posibilidades de contribuir a la paz y cooperación internacional.

Parafraseando a San Juan Pablo II, los obispos llaman a que “Cuba se abra a su pueblo”, sin privilegios ni exclusiones, poniendo el bien de la nación por encima de intereses de grupo. La Iglesia se compromete a acompañar al pueblo cubano orando, sirviendo a los pobres, asistiendo a las familias y promoviendo la justicia y la paz, mientras ofrece espacios para rebajar tensiones y fomentar la colaboración.

El mensaje finaliza con una invocación a la Virgen de la Caridad, madre de todos los cubanos, para que la sensatez y la cordura prevalezcan, y que todos los hijos de esta tierra puedan vivir dignamente y en paz.

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