Mientras muchos intentaban resguardarse bajo una frazada extra o pegados a una taza de café caliente, en Santiago de Cuba hubo quienes decidieron salir a la calle en plena madrugada para pensar primero en los demás. La comunidad católica de Sant’Egidio protagonizó uno de esos gestos que no hacen ruido, pero dicen mucho: repartir abrigo y chocolate caliente a personas sin hogar durante la noche más fría del año en la ciudad oriental.
La iniciativa no fue casual. El frío, poco común en una Isla acostumbrada al calor, se hizo sentir con fuerza y puso en evidencia una realidad que a menudo se ignora: decenas de personas duermen a la intemperie, en terminales, portales o directamente sobre la acera, sin ninguna protección frente a temperaturas que esa noche bajaron más de lo habitual.
Desde la propia comunidad de Sant’Egidio lo explicaron con palabras sencillas, pero contundentes. Contaron que el frío atípico los llevó a preguntarse cómo estarían pasando la noche “sus amigos de la calle”, y que esa inquietud fue suficiente para salir con abrigos y chocolate caliente, no solo para ayudar a combatir el frío, sino para algo igual de importante: recordarles que no están solos ni olvidados.
Entre mantas, vasos humeantes y miradas agradecidas, se vivieron momentos que no caben en una estadística. Uno de los beneficiarios, Roberto, resumió la escena en una frase que tocó fibras: entre lágrimas dijo que Dios nunca abandona, porque cuando tenían frío, alguien llegó. A veces, la fe se manifiesta de las formas más simples.
La ayuda no se quedó ahí. Gracias al apoyo del Grupo de Ayudas del Club Montaña Santiago de Cuba, la solidaridad se multiplicó. Ropas de invierno y mantas fueron donadas para el Hogar de Ancianos, permitiendo que el gesto alcanzara a muchas más personas en situación vulnerable, demostrando que cuando la ayuda se coordina, rinde el doble.
Desde el Club Montaña no ocultaron su emoción al ver el resultado. Compartieron la alegría de saber que otros quedaron “felices y abrigaditos”, destacando la rapidez con la que muchos no dudaron ni un minuto en aportar lo que tenían. En tiempos difíciles, esos impulsos hablan bien de la gente común.
El activista santiaguero Yassero Sosa Tamayo también alzó la voz, pero desde otro ángulo. En un mensaje crudo y sin adornos, recordó que esto no va de fotos bonitas ni de heroicidades. Habló de cuerpos resistiendo la madrugada, de personas tratando simplemente de no congelarse, y lanzó una frase que dejó eco: el frío es clima, pero la indiferencia es una decisión.
Todo esto ocurrió mientras el Instituto de Meteorología de Cuba confirmaba que la madrugada fue notablemente fría en casi todo el país, con temperaturas entre 11 y 14 grados, y un récord histórico de 1.4 °C en Indio Hatuey, Matanzas, la cifra más baja registrada en un mes de febrero desde 1996.
Una masa de aire ártico fue la responsable de una noche que muchos cubanos no olvidarán fácilmente. Pero más allá del termómetro, quedó claro algo: frente al frío extremo, la solidaridad sigue siendo el abrigo más fuerte.







