Ciudad de México vuelve a convertirse en escenario clave para la supervivencia del régimen cubano. Según fuentes del Gobierno de Claudia Sheinbaum citadas por el diario español ABC, Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro y sobrino de Fidel, estaría participando en conversaciones reservadas con emisarios estadounidenses. El objetivo: asegurar suministros estratégicos, especialmente petróleo, y explorar vías de cooperación económica que permitan mantener a flote un sistema que se desmorona.
Las fuentes precisan que uno de los puntos cruciales de estas gestiones sería la venta de petróleo por parte de Estados Unidos, un recurso que Cuba necesita con urgencia. La isla requiere entre 100.000 y 150.000 barriles diarios, cifra que resalta la gravedad de la crisis energética y la dependencia del castrismo de suministros externos. Los apagones no solo reflejan la falta de combustible, sino también el deterioro crónico de las termoeléctricas, incapaces de cubrir la demanda del país.
Más allá del petróleo, las conversaciones podrían incluir la apertura de sectores estratégicos a empresas estadounidenses, como energía, turismo, banca y telecomunicaciones, un intento del régimen por diversificar una economía que lleva años al borde del colapso. El Gobierno mexicano ha facilitado estos contactos a través de funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Cancillería, actuando como intermediarios entre Washington y La Habana. Entre los involucrados estarían Efraín Guadarrama y Roberto Velasco, mientras que el embajador estadounidense Ronald Johnson, exagente de la CIA, lideraría la representación de Estados Unidos.
Alejandro Castro Espín no es un improvisado: coronel del Ministerio del Interior y exjefe de la Contrainteligencia cubana, ya jugó un papel similar en las negociaciones previas a la visita de Barack Obama en 2016. Ahora su misión se centraría en garantizar suministros esenciales y abrir canales de cooperación económica para mitigar la profunda crisis que vive Cuba.
Aunque ABC señala su participación en Ciudad de México, fuentes mexicanas no lo confirmaron oficialmente, asegurando que dos negociadores de confianza del Gobierno de Sheinbaum mantienen reuniones periódicas con la embajada estadounidense, sin dar más detalles sobre la presencia de Castro Espín. La propia presidenta Sheinbaum ha dicho que México siempre ha “puesto la mesa” para atender cualquier conflicto, pero que la mediación dependería exclusivamente de la voluntad de Estados Unidos y Cuba.
Desde La Habana, el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, dejó claro ante CNN que entre Cuba y Washington no existe un “diálogo bilateral establecido”, sino solo “algunos intercambios de mensajes”. La advertencia apunta a que, pese a las declaraciones de Donald Trump sobre negociaciones en marcha, la cúpula del régimen sigue controlando cada paso y no hay acuerdos formales ni concesiones a la sociedad civil o la oposición.
Fernández de Cossío insistió en que cualquier acción requiere la aprobación de los niveles más altos del gobierno, y que la disposición al diálogo no implica avances concretos. Mientras tanto, los cubanos siguen viviendo apagones, escasez y una economía que se desangra, mientras la élite castrista busca sobrevivir en mesas secretas lejos de la realidad que golpea al país.







