Miguel Díaz-Canel volvió a sacar del cajón el manual del Período Especial, esta vez con un giro que mezcla resignación, propaganda y realismo mágico energético. En una comparecencia presentada como “especial”, el gobernante propuso generar electricidad con basura, cocinar con fogones solares y usar biogás como respuesta a la grave crisis de combustible que golpea al país.
El propio Díaz-Canel reconoció que Cuba no recibe petróleo desde diciembre, una situación que atribuyó al supuesto “bloqueo naval” contra Venezuela y a las presiones de la administración de Donald Trump. Sin embargo, más allá del discurso habitual, lo que dejó claro es que no hay combustible suficiente ni soluciones a corto plazo.
El mandatario insistió en la necesidad de apretarse aún más el cinturón. Habló de ahorro, de sacrificios y de medidas “restrictivas”, dejando entrever que la vida cotidiana del cubano común será todavía más difícil. Según él, hay actividades que deberán detenerse o posponerse para que el país “siga funcionando”, aunque nunca quedó claro para quién exactamente seguirá funcionando.
Uno de los mensajes más llamativos fue dirigido a quienes viven en circuitos eléctricos protegidos. Díaz-Canel pidió que esos sectores sean “más responsables” con el consumo energético, apelando a la conciencia colectiva. Otra vez el peso de la crisis cae sobre la población, mientras el Estado evita asumir su propia ineficiencia estructural.
El gobernante aseguró que el Gobierno trabaja en aumentar la capacidad de almacenamiento de combustible y que no renuncia a conseguir más abastecimiento externo. También habló de incrementar la producción nacional de crudo y gas, promesas que los cubanos llevan escuchando años sin resultados visibles.
Pero el punto que más reacciones provocó fue su llamado a “aprender a vivir” con fuentes alternativas. Díaz-Canel planteó como opciones viables los fogones solares y el biogás, explicando que transformar residuos en energía permitiría cocinar, iluminar viviendas e incluso generar electricidad con gasogeneradores.
Aunque admitió que estas soluciones no resuelven el problema de golpe, las presentó como una vía para sostener la llamada “resiliencia” del país. En la práctica, el mensaje es claro: arréglense como puedan, porque el sistema no tiene con qué responder.
Para cerrar, el mandatario volvió a envolver la escasez en un discurso épico, calificando estos tiempos de crisis como una “oportunidad” para desarrollarse, ser más soberanos y depender menos del exterior. Una narrativa que choca de frente con la realidad de millones de cubanos que sobreviven entre apagones, falta de gas, alimentos escasos y salarios pulverizados.
Mientras tanto, Díaz-Canel adelantó que vendrán más medidas, aplicadas según la disponibilidad de combustible. Traducido al idioma de la calle: más recortes, más apagones y más improvisación, todo bajo el mismo guion de siempre.







