La Habana está en “modo pausa” y no por carnaval ni nada parecido, sino porque el transporte público urbano ha colapsado por falta de combustible. El propio canal oficial de Facebook Transportación Habana TH, que responde directamente al régimen, lo confirmó sin rodeos: los ómnibus están prácticamente paralizados por un déficit de gasoil que no da tregua.
En su comunicado bien burocrático pero desesperado, admiten que la falta de combustible para el transporte urbano sigue igualito, sin solución a la vista, y que por eso los ómnibus no están cubriendo ninguna ruta de la ciudad. Lo que antes eran paradas con ómnibus llenos ahora no es más que filas de gente mirando al vacío, esperando un servicio que simplemente desapareció.
Ni los microbuses Gazelles ni los Foton —que siempre eran la opción escuálida para moverse— pueden operar como era debido. Solo cuando de milagro algún ómnibus logre arrancar con combustible “alternativo”, según dice la nota oficial, regresarán unas pocas rutas, pero eso suena más a promesa de buró que a solución real para una ciudad que se queda sin ruedas.
Este despelote en el transporte no aparece de la nada. La escasez de combustible en Cuba se ha profundizado por las recientes sanciones de Estados Unidos, que han incluido medidas para bloquear el envío de petróleo a la isla y amenazar con tarifas a países que lo hagan. Las consecuencias no son solo que los autobuses no rueden: expertos internacionales alertan que si Cuba no recibe petróleo o combustible en las próximas seis a ocho semanas, enfrentará una crisis mucho más grave aún, con impacto directo en todos los sectores.
El especialista cubano Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, explicaba que el diésel —ese mismo que mueve ómnibus, camiones y genera energía— es clave y representa cerca del 20 % de toda la demanda de combustible en Cuba. Sin ese diésel, dice Piñón, no solo se paraliza el transporte, sino que también se pone en jaque al tren, la agricultura, la industria y hasta la distribución de agua y energía eléctrica.
Mientras tanto, el régimen, que siempre culpa al “bloqueo” por todo, no tiene respuestas claras para la gente que ahora camina kilómetros todos los días o anda pagando precios prohibitivos por compartir taxi. La crisis de combustible —que es crisis de transporte, crisis económica, crisis social— ya no se puede esconder con propaganda bonita en la tele. La Habana lo está sintiendo en carne propia cada mañana cuando no aparece un solo ómnibus.







