Díaz-Canel apela a los jóvenes cubanos para promover su «continuidad», cuando la realidad es que la mayoría solo quieren irse del país

Redacción

Miguel Díaz-Canel cerró su más reciente discurso mirando directo a los jóvenes y al “pueblo”, en un intento evidente por rescatar un respaldo social que el régimen ya perdió hace rato. Fue un cierre cargado de consignas, apelaciones emocionales y frases grandilocuentes, pero vacío de soluciones reales para una generación que hace tiempo dejó de escuchar.

Con tono solemne, el gobernante insistió en que no hay unidad sin jóvenes ni continuidad sin ellos, como si esa consigna pudiera borrar una realidad tozuda: desde 2021, los jóvenes han sido los grandes ausentes del proyecto oficial, no por apatía, sino porque han huido en masa de un país sin futuro. Nunca antes Cuba había vivido un éxodo juvenil de esta magnitud.

La intervención, transmitida por el canal de YouTube de la Presidencia, intentó vender la idea de un pueblo heroico y creativo. Según Díaz-Canel, la resistencia cubana no es simple aguante, sino “creación”. Pero en la Cuba real, crear significa sobrevivir sin luz, sin agua, sin transporte y con salarios que no alcanzan ni para llegar a fin de mes.

El mandatario habló de participación popular y del rol de los jóvenes, mientras estos lidian con escuelas en ruinas, apagones interminables, títulos que no garantizan empleo y un sistema político que castiga cualquier opinión distinta. La contradicción fue tan evidente como incómoda.

Todo ocurrió en un momento especialmente delicado, cuando el propio régimen admite que vienen “tiempos aún más difíciles”, con una crisis económica, energética y social que se profundiza por semanas. Aun así, el discurso fue presentado como un intercambio con prensa nacional y extranjera. En la práctica, los supuestos medios internacionales eran voceros habituales del oficialismo, vinculados a RT, Xinhua en español y Prensa Latina. Cero preguntas incómodas. Cero contraste.

Díaz-Canel dijo no ser idealista y reconoció que el país atraviesa una etapa dura. Pero su receta volvió a ser la de siempre: más confianza en el Gobierno, más ahorro, más comprensión y más sacrificios. Incluso adelantó que varios proyectos quedarán pospuestos, una forma elegante de admitir que no hay recursos ni capacidad para cumplir promesas.

Lejos de inspirar esperanza, el mensaje dejó más frustración y hastío. No hubo anuncios concretos, ni plazos, ni medidas que alivien la vida diaria de los cubanos. Ni para los jóvenes, ni para los adultos, ni para los ancianos que también sobreviven a base de apagones y carencias.

El efecto fue inmediato en redes sociales. En lugar de apoyo, creció el rechazo. Comentarios de jóvenes dentro y fuera de la Isla volvieron a exigir el fin de la dictadura y la salida de un poder que les habla de continuidad, mientras les niega presente y futuro.

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