Díaz-Canel dice que «Cuba no está sola», sin mostrar pruebas concretas ni explicar de dónde saldrá el salvavidas que promete

Redacción

El gobernante Miguel Díaz-Canel volvió a recurrir este jueves a uno de sus recursos favoritos cuando la realidad se vuelve insostenible: asegurar que Cuba “no está sola”, aunque, una vez más, sin mostrar pruebas concretas ni explicar de dónde saldrá el salvavidas que promete.

Durante su conferencia matutina, el mandatario afirmó que “varios países, gobiernos e instituciones internacionales” han expresado su respaldo al régimen tras la crisis energética y las sanciones impuestas por Estados Unidos. Eso sí, aclaró que no puede dar detalles “por razones obvias”, una frase que ya se ha convertido en muletilla oficial cada vez que no hay nada tangible que enseñar.

En su intento de proyectar una imagen de respaldo global, Díaz-Canel mencionó pronunciamientos de aliados políticos habituales, entre ellos la cancillería rusa, el gobierno chino, la administración interina de Venezuela, el movimiento mexicano Morena y eurodiputados alineados con la izquierda radical. El mismo club de siempre, que aplaude discursos pero no resuelve apagones.

“Ha existido un apoyo a nivel internacional”, aseguró, citando mensajes desde Moscú, Pekín, Caracas, Ciudad de México, Sudáfrica y Bruselas. Una lista larga en palabras, corta en resultados visibles para una población que pasa horas sin electricidad, combustible ni alimentos.

El gobernante también sacó a relucir nombres conocidos dentro del ala más ideológica de la política internacional, como la congresista estadounidense Rashida Tlaib y el representante demócrata Gregory Meeks, además de europarlamentarios de izquierda. Según él, “detrás de esos discursos hay más cosas que no se pueden explicar abiertamente”, insinuando acuerdos, gestiones o negociaciones que, convenientemente, permanecen en secreto.

“Hay gobiernos, instituciones y empresas dispuestas a trabajar con Cuba”, afirmó, agregando que ya han llegado “mecanismos e intenciones” para hacerlo. Otra promesa en el aire, sin fechas, sin montos y sin impacto inmediato en la vida diaria del cubano de a pie.

Como era de esperar, Díaz-Canel volvió a culpar a Estados Unidos de la debacle energética y financiera del país, responsabilizando a la “persecución económica” y a las “medidas coercitivas” de impedir cualquier recuperación. Según su versión, el problema no es el modelo fracasado, sino los obstáculos externos.

En el mismo discurso reconoció, sin rodeos, que Cuba enfrenta un “desabastecimiento agudo de combustible” y que el país se prepara para medidas inspiradas en el Período Especial, una frase que en la memoria colectiva equivale a más sacrificios, más carencias y más retrocesos.

La insistencia en un supuesto respaldo internacional parece tener un solo objetivo: transmitir fortaleza política en medio del colapso, aunque la realidad contradiga el relato. Mientras el régimen habla de apoyos invisibles, la población sigue lidiando con apagones, inflación y escasez, sin ver llegar esa ayuda que, según el discurso oficial, ya estaría tocando la puerta… pero nadie la ha visto entrar.

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