El vocero oficialista Humberto López volvió a encender la polémica tras asegurar en televisión nacional que “en Cuba no se persiguen opositores políticos”. La frase, lanzada con total seguridad durante uno de sus habituales comentarios, no tardó en correr como pólvora dentro y fuera de la Isla. Como ya es costumbre, su intervención no fue solo informativa, sino también combativa, enfocada en cuestionar la política de Estados Unidos hacia el gobierno cubano.
Todo ocurrió dentro de un segmento presentado como una “reflexión”, donde el programa intentaba desmontar lo que calificó como un supuesto “pretexto” de Washington para endurecer su postura contra La Habana. Según el enfoque del espacio, la narrativa estadounidense no sería más que una excusa para escalar tensiones políticas y económicas.
En ese análisis televisivo se mencionaron dos documentos clave del gobierno norteamericano: la Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025 y una Orden Ejecutiva firmada el 29 de enero de 2026. Esta última declara una “emergencia nacional” vinculada a Cuba e incluye aranceles para países que suministren petróleo —directa o indirectamente— a la Isla, una medida que impacta de lleno en la ya golpeada economía cubana.
A partir de ahí, López enumeró lo que llamó los “pretextos” de Estados Unidos para justificar esas sanciones. Entre ellos, que Cuba representaría una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional estadounidense, que estaría alineada estratégicamente con potencias consideradas hostiles como Rusia, China e Irán, y que incluso brindaría apoyo logístico o político a esos gobiernos.
El vocero respondió a esas acusaciones asegurando que organismos militares y de inteligencia de EE.UU. saben perfectamente que Cuba no representa una amenaza real. Según su argumento, la estrategia militar cubana está diseñada únicamente para la defensa nacional y Washington no ha presentado pruebas concretas que respalden sus señalamientos.
También defendió las relaciones internacionales de la Isla, afirmando que Cuba mantiene vínculos diplomáticos con la mayoría de los países del mundo bajo principios de derecho internacional. En esa misma línea, sostuvo que las alianzas con naciones señaladas por EE.UU. responden a intereses comerciales, científicos o académicos, no a planes hostiles.
Fue justo en ese punto cuando soltó la frase que más reacciones ha provocado: que en Cuba no se persigue a opositores políticos. Insistió en que las personas sancionadas lo están por delitos contra la seguridad del Estado o por crímenes comunes, no por pensar diferente al sistema.
Para reforzar su discurso, López apeló incluso a comparaciones históricas dentro de Estados Unidos, mencionando los asesinatos de figuras como Martin Luther King, Malcolm X y John F. Kennedy. Sugirió que esos hechos respondieron a intereses del llamado “Estado profundo”, intentando desmontar la autoridad moral de Washington en materia de derechos políticos.
Su intervención también abordó el impacto de las sanciones en la economía cubana, describiendo la presión estadounidense como una “guerra económica” prolongada. Habló de escasez de combustible, medicamentos y piezas médicas, utilizando términos extremos como “genocidio” o “exterminio” para ilustrar la gravedad de la situación.
El segmento cerró con un llamado a resistir la presión externa, defender la estabilidad del país y retomar ideas atribuidas a Fidel Castro sobre la batalla informativa y el control de las mentes frente a la desinformación.
Sin embargo, más allá del discurso televisivo, hay hechos recientes que contradicen esa narrativa oficial. Entre agosto de 2025 y enero de 2026 se registraron múltiples acciones represivas contra activistas y opositores dentro de la Isla.
Por ejemplo, durante el aniversario del Maleconazo en agosto de 2025, varios disidentes fueron impedidos de salir del país. Hubo citaciones policiales, operativos de vigilancia y restricciones de movimiento para evitar cualquier conmemoración pública de aquellas protestas históricas de 1994.
Meses después, en noviembre, un expreso político del 11J decidió abandonar Cuba tras denunciar meses de acoso, amenazas y vigilancia constante. Según su testimonio, la represión no terminó al salir de prisión, sino que continuó de forma sistemática.
Ya en enero de 2026, el clima se tensó aún más tras nuevas medidas estadounidenses. Se reportaron interrogatorios, traslados forzosos y operativos de control contra activistas independientes, acciones justificadas bajo el argumento de proteger la seguridad del Estado.
En ese contexto, las palabras de Humberto López no solo generan debate, sino que chocan frontalmente con denuncias y reportes de organizaciones y opositores que hablan de un patrón sostenido de persecución política en la Isla.







