El arranque de 2026 ha dejado una imagen que hace apenas unos años parecía impensable: vuelos chárteres entre Miami y Cuba despegando con la mayoría de sus asientos vacíos. Sí, casi desiertos. Las fotos, reveladas por el periodista Mario J. Pentón, muestran cabinas donde antes no cabía un alma y ahora sobran filas enteras sin ocupar. La escena la confirmó incluso una pasajera que viajaba dentro de uno de estos aviones A320 y que decidió documentarlo todo.
La caída de viajeros no parece responder a una sola causa, sino a una mezcla explosiva de factores. Por un lado, el temor creciente a nuevas regulaciones migratorias en Estados Unidos; por otro, la presión política de la administración Trump sobre La Habana. A eso se suma la crisis energética brutal que vive la Isla y, para rematar, el cierre natural de la temporada alta de fin de año. Todo junto ha creado un bajón histórico en la demanda.
Las imágenes difundidas hablan por sí solas: filas y filas de asientos vacíos en vuelos que tradicionalmente iban llenos, sobre todo en fechas cercanas a Navidad y Año Nuevo. La pasajera que contactó al reportero aseguró que el panorama es el mismo tanto de ida como de vuelta, lo que confirma que no se trata de un caso aislado sino de una tendencia.
Este desplome coincide además con el endurecimiento de controles en los aeropuertos estadounidenses. El Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza ha incrementado la vigilancia sobre residentes permanentes, especialmente cubanos que obtuvieron su Green Card bajo la Ley de Ajuste Cubano alegando persecución política.
Ahí es donde entra el miedo. Muchos temen que viajar a Cuba pueda interpretarse como una contradicción legal: ¿cómo vacacionar en el mismo país del que supuestamente huiste? Ese cuestionamiento puede derivar en interrogatorios incómodos o, en el peor de los casos, en procesos de revisión de estatus migratorio. Solo esa incertidumbre ya ha frenado a miles de potenciales viajeros.
Pero el problema no es solo migratorio. La realidad dentro de Cuba tampoco ayuda. Tras décadas de crisis acumulada, la Isla atraviesa uno de sus peores momentos energéticos. Apagones que superan gran parte del territorio, escasez de combustible y transporte paralizado hacen que visitar a la familia sea hoy una odisea logística.
El golpe petrolero también pesa. Las sanciones, los aranceles a países que suministran crudo y la caída de envíos desde aliados han dejado al país en una especie de “opción cero” energética. Y claro, pocos quieren gastar miles de dólares para viajar a un destino donde ni la luz ni los servicios básicos están garantizados.
A todo esto se suma el factor estacional. Febrero suele marcar el final del pico de viajes de fin de año. Pero esta vez la temporada baja llegó combinada con tensiones políticas y crisis interna, creando lo que muchos agentes describen como la tormenta perfecta para el negocio chárter.
Como era de esperarse, las imágenes desataron tremendo debate en redes. Algunos usuarios aseguran que los vuelos vacíos no significan pérdidas para las compañías. Según esta teoría, el verdadero negocio está en la carga: maletas, paquetes y encomiendas llenarían las bodegas aunque la cabina vaya semivacía.
También salió a relucir la comparación con aerolíneas comerciales regulares. Testimonios de viajeros frecuentes dicen que vuelos de American Airlines, Delta o Southwest siguen operando con alta ocupación. Para muchos, la diferencia está en la confiabilidad y la logística, donde los chárteres salen perdiendo.
El componente político, como siempre, divide opiniones. Hay quienes creen que los asientos vacíos son consecuencia directa del miedo migratorio. Otros, en cambio, lo celebran como una forma de presión contra el régimen, impulsando campañas de boicot turístico bajo la consigna de no viajar a la Isla.
En medio de esa polarización, la realidad es que menos vuelos llenos significan también menos contacto familiar, menos remesas en mano y más distancia emocional entre los de dentro y los de fuera.







