La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó este viernes lo que ya se venía cocinando por debajo de la mesa: su gobierno se prepara para enviar ayuda humanitaria a Cuba en los próximos días, fundamentalmente alimentos y algunos insumos básicos solicitados por el régimen. El anuncio llega en medio del colapso energético y social que vive la Isla, y también en plena tensión con Estados Unidos por el tema del petróleo.
Desde Michoacán, y en tono cuidadosamente medido, Sheinbaum explicó que el envío podría concretarse antes de que termine el fin de semana o, a más tardar, el lunes. “Principalmente alimentación”, dijo, dejando claro que se trata de una operación presentada como humanitaria, no como un respaldo económico directo a un sistema en ruinas.
El movimiento no es improvisado. Según la mandataria, las gestiones se han llevado a cabo por canales diplomáticos, con la participación directa de la Cancillería mexicana y del jefe de la Oficina de la Presidencia, Lázaro Cárdenas Batel. Todo bien formal, todo bien discreto. Porque cuando se trata de Cuba, nadie quiere quedar pegado al desastre.
Sheinbaum también reconoció que este envío de ayuda ocurre en paralelo a las conversaciones para retomar el suministro de petróleo a la Isla, un tema mucho más espinoso. México quiere ayudar, sí, pero sin convertirse en blanco de sanciones de la administración de Donald Trump, que ha dejado claro que castigará a los países que sostengan energéticamente al régimen cubano.
“Hemos estado trabajando diplomáticamente para poder reenviar petróleo a Cuba”, admitió la presidenta, aunque enseguida puso el freno de mano. “No queremos sanciones para México”, subrayó. Traducción clara: solidaridad hasta donde no duela el bolsillo ni la relación con Washington.
El asunto es tan delicado que el propio gobierno mexicano ha reconocido en días recientes que frenó los envíos de crudo para evitar represalias comerciales de Estados Unidos. Aun así, insiste en mantener la narrativa de la ayuda humanitaria, una fórmula que permite auxiliar al pueblo cubano sin cargar oficialmente con el rescate de la dictadura.
Consultada sobre un posible contacto directo con Miguel Díaz-Canel, Sheinbaum dejó la puerta entreabierta, aunque aclaró que, por ahora, todo se maneja a través de la embajada cubana en México. No hay llamadas, no hay fotos, no hay abrazos públicos. El régimen pide, México responde… pero con distancia.
El contexto no puede ser más elocuente. Hace apenas unos días, el director de Pemex admitió que en 2025 México envió petróleo a Cuba por casi 500 millones de dólares, y que solo queda un contrato comercial activo con la Isla. Hoy, ese vínculo está bajo revisión, presionado por la realidad política y económica.
Mientras tanto, Cuba sigue a oscuras, con apagones interminables, escasez de alimentos y una población agotada. El régimen, incapaz de sostener el país, vuelve a estirar la mano. Y México, consciente del costo político y económico de ese auxilio, opta por la vía menos comprometedora: comida para el pueblo, silencio sobre el sistema.







